Nueva York.- La ciudad de Nueva York experimenta una creciente preocupación ciudadana debido a un drástico aumento en las quejas por desechos caninos en sus aceras, un problema que se ha agudizado tras la tormenta de nieve del pasado 25 de enero y el subsiguiente deshielo. Lo que para muchos dueños de mascotas fue una solución temporal para ocultar los excrementos, ahora se ha convertido en un visible desafío de salud pública y civismo.
Desde la tormenta, el sistema de atención ciudadana 311 ha registrado 643 llamadas relacionadas con esta problemática, marcando un incremento del 94% en comparación con el mismo período del año anterior y un aumento del 160% respecto a las dos semanas previas al temporal. Estas cifras subrayan la magnitud de una situación que combina factores climáticos extremos, falta de responsabilidad cívica y las limitaciones en la aplicación de la normativa vigente.
La situación ganó visibilidad a través de un video viral grabado en Bruckner Boulevard, en el sector de Mott Haven, El Bronx, donde se observaba una acera prácticamente cubierta de excremento canino. Las imágenes provocaron una avalancha de reacciones en redes sociales y reavivaron el debate sobre la obligación de los dueños de mascotas en la Gran Manzana. “Es horrible. Hay basura y excremento por todas partes”, declaró Lulu Gerena, residente de Mott Haven, al New York Post. “No es justo que todos tengamos que pisar eso porque nadie lo recoge”.
El fenómeno no se limita a El Bronx. En Washington Heights se reportaron 66 quejas desde la tormenta, convirtiéndolo en el vecindario con el mayor número de denuncias. En Brooklyn, la 49th Street en Sunset Park y Fort Washington Avenue lideraron la lista de calles con más reportes, con 28 cada una. Otros vecindarios afectados incluyen Flatbush, Midwood, Kensington, Central Harlem y Highbridge. Curiosamente, a pesar de la viralidad del video de Mott Haven, los datos oficiales indican que este tramo no figura entre las zonas con más reportes formales, sugiriendo que la problemática es más extendida de lo que muestran las redes sociales.
El Departamento de Sanidad de Nueva York (DSNY) ha reconocido que no ha emitido infracciones por este motivo desde el 25 de enero, explicando que sus recursos se concentraron en la remoción de nieve durante la semana de frío extremo. Incluso con el aumento de las temperaturas hasta casi los 10°C (50°F) esta semana, las llamadas al 311 persisten, con casi 70 reportes en un solo día.
Un portavoz del DSNY indicó que la aplicación de la conocida “Pooper Scooper Law” es compleja, ya que los agentes deben sorprender al dueño en el momento exacto en que omite recoger los desechos. “Las probabilidades de que alguien no recoja los excrementos mientras un oficial está mirando son muy, muy bajas”, afirmó. En lo que va de 2025, solo se han emitido 2 citaciones. La ley establece multas de hasta $250 dólares, pero su cumplimiento depende casi exclusivamente de la observación directa.
Más allá de la molestia estética y los malos olores, expertos advierten sobre las graves implicaciones sanitarias. La Agencia de Protección Ambiental de EE.UU. (EPA) clasifica los desechos de mascotas como un contaminante ambiental. Estos pueden transportar bacterias y parásitos peligrosos, como E. coli, Salmonella, lombrices intestinales y anquilostomas, hacia los desagües pluviales y cursos de agua durante el deshielo, representando un riesgo particular para niños y personas con sistemas inmunológicos comprometidos.
Alan Beck, exdirector del Bureau of Animal Affairs del Departamento de Salud de la ciudad, señaló que Nueva York ha enfrentado históricamente este problema. “Puede parecer peor ahora porque la nieve concentra y luego revela lo que ya estaba allí”, explicó. Beck añadió que los perros también pueden transmitirse enfermedades entre sí a través del contacto fecal.
El aumento de las quejas ha provocado reacciones de funcionarios municipales. El concejal de Brooklyn, Chi Ossé, publicó un video instando a los residentes a recoger los desechos de sus mascotas y a reportar a los infractores al 311. Por su parte, la concejala Shahana Hanif enfatizó que la problemática no es solo de limpieza, sino de salud pública: “Propagan bacterias, contaminan nuestras calles y crean condiciones inseguras, especialmente para personas mayores y con discapacidad”. Ambos coincidieron en que la responsabilidad recae principalmente en los dueños de mascotas y en la presión comunitaria.
Este comportamiento irresponsable coincide con el aumento en las adopciones de perros durante la pandemia de Covid-19. Tras el confinamiento, muchos propietarios se percataron de que no podían mantener a sus mascotas, lo que generó un incremento en las entregas a refugios y la saturación del sistema municipal.
Micheal Brandow, autor de un libro sobre la ley de recogida de excrementos en Nueva York – la primera ordenanza de este tipo en una gran ciudad estadounidense – sostiene que la situación actual no es tan grave como antes de que la normativa entrara en vigor. “En los años previos a la ley, era un desastre absoluto”, citó Gothamist. Brandow atribuye parte del problema al crecimiento poblacional y a la llegada de nuevos residentes, que “quizá no entienden la dinámica de vivir en una ciudad densa como Nueva York“, lo que exige mayor responsabilidad colectiva.
El desafío no es exclusivo de Nueva York. Foros en línea de ciudades como Washington D.C. y Filadelfia también reportan un aumento de desechos caninos durante el invierno, cuando la nieve oculta temporalmente los residuos y el frío desincentiva a algunos dueños a recogerlos. Mientras que otras jurisdicciones han implementado programas de registro de ADN canino para identificar a los infractores, las autoridades de Nueva York han descartado esta medida por ahora.
Mientras las temperaturas suben y la nieve termina de derretirse, las aceras revelan la magnitud del problema acumulado. Para muchos residentes, la frustración no solo radica en la suciedad visible, sino en la percepción de impunidad. El DSNY asegura que continuará realizando patrullajes especiales en áreas con altos niveles de quejas, aunque reconoce que la vigilancia constante es inviable en una metrópolis de más de ocho millones de habitantes.
En última instancia, la denominada crisis del “winter crap” o “desechos invernales” parece depender menos de nuevas regulaciones y más de un cambio de comportamiento. Recoger los desechos de las mascotas no solo es una obligación legal en Nueva York; es un acto básico de respeto hacia la comunidad. Las cifras del 311 continúan aumentando, y los neoyorquinos esperan que, con el fin del invierno, también termine esta desagradable temporada en las aceras.


