La Caída de ‘El Mencho’ y la Profunda Transformación del Crimen Organizado en México

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México.- La confirmación del deceso de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, quien fuera líder del Cártel de Jalisco Nueva Generación (CJNG), ha reavivado el debate sobre la génesis y evolución de las organizaciones criminales en México. Una fotografía, tomada el domingo 22 de febrero de 2026 en Cointzio, Michoacán, y atribuida a Armando Solis para AP, muestra a un soldado vigilando un vehículo calcinado, una imagen recurrente en el contexto de la violencia asociada a estos grupos.

La emergencia de cárteles con poder militar, alcance internacional y capacidad para confrontar al Estado mexicano no es un fenómeno reciente ni espontáneo. Organizaciones como el CJNG y, anteriormente, el Cártel de Sinaloa, al igual que los grupos dominantes en las décadas de los 80 y 90, son el resultado de una cadena de transformaciones. Cada captura, cada operación y cada alteración en el mercado de estupefacientes ha propiciado nuevas estructuras, alianzas y conflictos.

La muerte de “El Mencho” constituye un suceso de gran impacto, cuya verdadera dimensión se comprende al revisar la trayectoria histórica del poder de los cárteles en México y las razones de la persistencia de este fenómeno.

La presencia de cárteles en México dista de ser marginal. De acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana (SSPC), el país alberga al menos 7 organizaciones criminales con alcance nacional y presencia en la mayoría de los estados, además de decenas de grupos regionales y células locales.

Según el informe más reciente de la Drug Enforcement Administration (DEA), el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación son consideradas las estructuras criminales más potentes del hemisferio occidental, con redes de distribución activas en Estados Unidos, Europa, Asia y Oceanía.

El impacto de esta situación se refleja directamente en los índices de violencia. El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó más de 30.000 homicidios anuales en México durante varios años consecutivos entre 2018 y 2022. Pese a recientes variaciones, las tasas de homicidio del país superan los 20 por cada 100.000 habitantes, cifra significativamente superior al promedio global.

El Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal ha documentado repetidamente que varias de las ciudades más violentas del mundo se ubican en México, frecuentemente escenarios de disputas territoriales entre cárteles.

En el ámbito económico, estimaciones del Congressional Research Service y reportes de la DEA indican que el comercio de drogas sintéticas, particularmente fentanilo y metanfetaminas, genera miles de millones de dólares anuales, con México como principal centro de producción y tránsito hacia Estados Unidos.

Asimismo, el International Crisis Group advierte que los cárteles han diversificado sus actividades, controlando no solo el tráfico de drogas, sino también la extorsión, minería ilegal, robo de combustible y tráfico de personas, lo que amplifica su influencia económica y territorial.

La afirmación de que México enfrenta desafíos de seguridad monumentales no es una exageración. El país concentra actualmente a las dos organizaciones criminales más poderosas del continente, el Cártel de Sinaloa y el Cártel de Jalisco Nueva Generación, según la DEA.

Ningún otro país de América Latina posee estructuras con un nivel similar de alcance global, capacidad logística y presencia simultánea en Estados Unidos, Europa y Asia.

Para comprender la complejidad de este fenómeno, es crucial considerar los siguientes factores históricos y operativos:

El narcotráfico en México tiene sus raíces en el siglo XX, cuando pequeños grupos dedicados al contrabando comenzaron a establecer rutas hacia Estados Unidos. El aumento de la demanda propició la profesionalización y rentabilidad del negocio.

Durante la década de 1980, bajo el liderazgo de figuras como Miguel Ángel Félix Gallardo, el Cártel de Guadalajara estructuró el negocio con una lógica empresarial, que incluía división territorial, rutas definidas y redes de protección. Tras su desmantelamiento, el grupo se fragmentó, dando origen a nuevos cárteles.

Cada vez que un líder fue capturado o abatido, la organización resultante se dividió. Estas rupturas generaron disputas internas y guerras por el control de las “plazas” (territorios estratégicos), transformando lo que antes era un monopolio en una competencia armada.

La ofensiva implementada por el gobierno de Felipe Calderón, que desplegó al Ejército para enfrentar directamente a los cárteles, buscaba debilitarlos. Sin embargo, el resultado fue una escalada histórica de homicidios y una constante reorganización del mapa criminal.

El modelo de negocio evolucionó. Las drogas sintéticas —metanfetaminas y, más recientemente, fentanilo— se convirtieron en el eje central de las operaciones debido a su bajo costo de producción y alta rentabilidad, lo que fortaleció financieramente a grupos como el CJNG.

El Cártel de Sinaloa se consolidó como un referente por su capacidad logística y su extensa presencia internacional, estableciendo redes de distribución no solo en Estados Unidos, sino también en América Latina, Europa y Asia.

El grupo liderado por “El Mencho” experimentó una rápida expansión, adoptando una estructura más vertical y confrontativa. En pocos años, pasó de ser una escisión a disputar el liderazgo nacional del crimen organizado.

Los cárteles han expandido sus operaciones más allá del tráfico de drogas, controlando la extorsión, el robo de combustible, la minería ilegal, el tráfico de personas y el cobro de “derecho de piso”. En varias regiones, ejercen un poder territorial efectivo.

El principal mercado para estas actividades se encuentra al norte de la frontera. La presión ejercida por agencias estadounidenses, las extradiciones y las recompensas millonarias son elementos constantes en la dinámica del narcotráfico mexicano.

La historia demuestra un patrón recurrente: la caída de un capo de importancia no implica la desaparición de la estructura criminal, sino su reconfiguración. De ello surgen nuevos liderazgos, nuevas alianzas y, frecuentemente, nuevas confrontaciones internas.

La muerte de uno de los criminales más buscados a nivel mundial representa un golpe simbólico y operativo. No obstante, la historia reciente evidencia que el problema es de naturaleza estructural. Los cárteles han demostrado su resiliencia frente a capturas, extradiciones y operativos a lo largo de décadas.

La interrogante ahora no se limita a quién asumirá el liderazgo, sino a cómo se reacomodará el tablero criminal en México, ya que, como esta historia ha enseñado, el narcotráfico no desaparece, sino que muta y se adapta.

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