Washington D.C.- El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró este martes durante su primer discurso sobre el Estado de la Unión de su segundo mandato que la frontera sur del país registra su nivel de control más elevado en décadas y que, en los últimos nueve meses, no se ha permitido el ingreso de migrantes indocumentados.
“En los últimos nueve meses, ningún inmigrante ilegal ha sido admitido en los Estados Unidos”, declaró el mandatario ante el Congreso.
Trump añadió que su administración siempre permitirá el ingreso de personas “que entren legalmente, amen nuestro país y trabajen duro”.
El presidente afirmó que los cruces fronterizos “han caído a cero” y que las detenciones por ingresos irregulares se sitúan en su punto más bajo desde mediados de la década de 1960.
Según las cifras citadas por la administración, en enero se registraron 6,070 detenciones en la frontera con México, lo que representa la tasa anualizada más baja desde 1967.
El presidente Trump contrastó estos datos con los registrados durante el gobierno de Joe Biden, administración que fue objeto de constantes críticas por parte de los republicanos debido al aumento de la migración.
Las llegadas a la frontera sur alcanzaron un máximo de 250,000 en diciembre de 2023, para luego descender por debajo de las 50,000 en diciembre de 2024, el último mes completo del mandato de Biden.
Trump aseguró que esta disminución se ha profundizado desde su regreso a la Casa Blanca.
En materia de narcotráfico, el mandatario también declaró que el flujo de fentanilo hacia Estados Unidos se redujo en un 56% en el último año.
“El flujo de fentanilo letal a través de nuestra frontera se ha reducido en un récord del 56 %”, enfatizó Trump.
Adicionalmente, Trump mencionó una disminución en las cifras de muertes violentas y defendió su gestión económica, destacando que la inflación se ha moderado y que el precio del galón de gasolina ha bajado de los $2 dólares.
La política migratoria ha sido uno de los ejes centrales del segundo mandato de Trump. En las últimas semanas, la muerte de dos ciudadanos estadounidenses durante protestas contra redadas migratorias en Minneapolis desató una crisis política que resultó en el cierre temporal del Departamento de Seguridad Nacional.
“El primer deber del gobierno estadounidense es proteger a los ciudadanos estadounidenses, no a los indocumentados”, concluyó el presidente.


