Expertos destacan la relevancia de la alimentación en la prevención y manejo del hígado graso

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Nueva York.- La adopción de una dieta rica en alimentos reales y de bajo índice glucémico se presenta como una estrategia fundamental para abordar la enfermedad del hígado graso y optimizar la salud metabólica, según expertos. La alimentación ejerce una influencia directa en el organismo, impactando positiva o negativamente el funcionamiento celular. Para el correcto desempeño del hígado, órgano vital, se sugiere la incorporación de ciertos alimentos que pueden mitigar los efectos adversos del consumo excesivo de alcohol, hepatitis, acumulación de hierro, obesidad y patrones dietéticos desequilibrados.

La enfermedad del hígado graso, que afecta a un segmento considerable de la población, se origina principalmente por una alimentación inadecuada. Clínicamente, se diagnostica cuando la grasa constituye más del 10% del peso total del órgano, considerándose formalmente una patología.

Este órgano crucial es susceptible a daños significativos derivados de una alta ingesta de carbohidratos, el consumo excesivo de alcohol y el uso indiscriminado de ciertos medicamentos. Estos elementos contribuyen al desarrollo de la Enfermedad del Hígado Graso No Alcohólico (EHGNA) y su forma más grave, la Esteatohepatitis No Alcohólica (EHNA).

Una revisión exhaustiva sobre alimentación y nutrición para la EHGNA y la EHNA, publicada por el Instituto Nacional de la Diabetes y las Enfermedades Digestivas y Renales (NIDDK), subraya la viabilidad de “prevenir estas afecciones si se mantiene una dieta saludable, se controlan las porciones y se conserva un peso corporal adecuado”.

Entre las pautas dietéticas, el estudio enfatiza la relevancia de incorporar “más alimentos con un índice glucémico bajo”, como la mayoría de las frutas, verduras y cereales integrales, que impactan menos los niveles de glucosa en sangre en comparación con aquellos de alto índice glucémico, como el pan blanco, el arroz blanco y las patatas.

En resumen, la prevención de esta condición hepática se basa en el mantenimiento de un peso saludable, el control estricto del tamaño de las porciones y la preferencia por alimentos no procesados.

La incorporación de ciertos ingredientes en la dieta diaria puede potenciar la capacidad regenerativa del organismo, en especial la función hepática:

Cúrcuma: Conocida por su riqueza en antioxidantes y potentes propiedades desintoxicantes, la cúrcuma contribuye a la producción de enzimas que inhiben la entrada de agentes cancerígenos al organismo. La investigación científica distingue entre la raíz en polvo utilizada en la cocina y los extractos concentrados. Una revisión de Meydani et al. (2019) sugiere que los extractos de curcumina son “prometedores” para reducir las enzimas hepáticas (ALT y AST), aunque su eficacia como tratamiento definitivo requiere mayor validación. Es importante destacar que la curcumina en formato de suplemento (cápsulas) posee una concentración superior a la cúrcuma en polvo convencional para fines terapéuticos hepáticos.

Vegetales de hoja verde: Abundantes en clorofila, estos vegetales asisten en la absorción de toxinas del torrente sanguíneo y en la neutralización de químicos como los pesticidas. Se sugiere el consumo de variedades como la arúgula (rúcula) y la espinaca, que facilitan la eliminación de desechos por parte de la bilis. Estudios poblacionales realizados en 2021 y análisis del NHANES (2025) vinculan la ingesta de vegetales de hoja verde (espinacas, acelgas, col rizada o kale) con una menor incidencia de hígado graso. Estos beneficios son particularmente notables en mujeres y en individuos sin obesidad. La integración de estos alimentos de color verde oscuro en la dieta constituye una estrategia nutricional robusta para la protección de la salud hepática.

Zanahorias y batatas (camotes): Ricos en flavonoides y betacaroteno, estos tubérculos son cruciales para estimular la producción de enzimas hepáticas que facilitan la eliminación de sustancias nocivas. Se aconseja un consumo moderado para evitar alteraciones temporales en la pigmentación de la piel.

Aguacate: Esta fuente de grasas monoinsaturadas y vitaminas esenciales contribuye a la producción de compuestos necesarios para la autodesintoxicación hepática. Además, el aguacate ayuda a modular la absorción de grasas ingeridas en el sistema digestivo.

Ajo: Reconocido por su capacidad para activar enzimas hepáticas que coadyuvan en la eliminación de toxinas y el exceso de grasa, el ajo también aporta compuestos esenciales para la depuración del hígado.

Es imperativo recordar que cualquier afección hepática debe ser diagnosticada y tratada por un especialista médico. Las recomendaciones nutricionales aquí expuestas deben complementarse con hábitos de vida saludables y siempre bajo la supervisión de un profesional de la salud.

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