Santo Domingo, República Dominicana.- La vida de Celia López Solano, bombera del Cuerpo de Bomberos de Haina, es un testimonio de vocación y resiliencia. Madre soltera de dos hijos, López Solano desafía los estereotipos y las limitaciones económicas para dedicarse a salvar vidas, mientras su corazón permanece dividido entre el peligro de las emergencias y el cuidado de su familia.
Recién llegada de un incendio en un vertedero de Haina, con el rostro aún tiznado y el uniforme sucio, Celia López Solano atendió al equipo de El Día. Sus compañeros la describen como una profesional activa, dispuesta y servicial. “Celia siempre está”, comentó uno de ellos, destacando su compromiso inquebrantable.
Minutos después, tras un rápido aseo, regresó con una sonrisa tímida. Levantando sus manos, confesó: “Estas son mis manos. No tienen esmalte ni están arregladas. Se ensucian y tardan semanas en limpiarse, pero son mis manos… las manos de una bombera”.
Durante un recorrido por el cuartel, mostró el dormitorio compartido por hombres y mujeres, donde la igualdad prevalece ante la alarma. “Aquí no hay diferencia cuando suena la alarma. Todos salimos”, afirmó. Demostró la rapidez con la que se equipa, un proceso que su cuerpo ha aprendido a ejecutar en segundos.
Con 30 años, Celia López Solano es madre de Gabriela, de 11 años, y Eselín, de 9. Su elección de ser bombera es puramente vocacional. “Esto no es por dinero”, aclaró. “Cuando tú tienes vocación, no te importa. Al bombero no le importa dónde entrar ni qué está pasando. Lo único que piensa es: puede haber alguien ahí en peligro”.
Su deseo de servir nació en la infancia, inspirada por una película de bomberos. Años más tarde, ya adulta, se unió como voluntaria a una estación en San Juan, donde su suegro también ejercía la profesión. Allí dedicó cuatro años al aprendizaje y la observación.
Una pausa forzada por un embarazo de alto riesgo interrumpió su camino durante diez años. Sin embargo, su vocación la mantuvo activa en la Defensa Civil, donde su director, Miquea Florentino Díaz, la alentó a estudiar y prepararse, enfatizando que “un bombero tiene que saber a lo que se enfrenta”.
Su persistencia dio frutos, y finalmente ingresó como bombera de línea, enfrentando el fuego de primera mano. A pesar de su dedicación, el salario es insuficiente. “El salario no alcanza”, admitió, lo que la obliga a desempeñar múltiples trabajos como estilista, lavadora de vehículos y limpiadora de casas. Sin embargo, cuando suena la alarma, “eso queda atrás”.
La maternidad es su mayor desafío. “Dejarlos para quedarme en la estación me rompe el corazón”, confesó, con la voz quebrada. Mientras Eselín duerme con una prima durante sus turnos, Gabriela reside con su abuela. “Se acostumbraron la una a la otra. Eso me duele mucho, pero no pude evitarlo”, dijo con lágrimas.
Las tragedias son parte de su día a día. Recuerda un choque donde fallecieron dos adultos y quedaron dos niños, una imagen que “se queda aquí”, señalando su sien. También rememoró el momento en que una mujer murió en sus brazos mientras la trasladaban al hospital. “Uno tiene que ser humano, aunque por dentro se esté rompiendo”, reflexionó.
Una emergencia interrumpió abruptamente la entrevista en el comedor. Sin vacilación, Celia se levantó, se equipó en segundos y subió al camión, que ya tenía la sirena abierta y las luces encendidas. En ruta, explicó la dificultad de transitar por las calles debido a la falta de conciencia de los conductores: “Cada segundo cuenta”.
También aclaró su participación en el incendio de la Tienda Garrido, donde acudió como refuerzo, demostrando su compromiso más allá de sus guardias. En su relato, la palabra “vocación” se repite constantemente, reflejando su motor silencioso.
Celia López Solano describe su experiencia al subir al camión como una mezcla de adrenalina, urgencia y servicio. Sus gestos, más que sus palabras, transmiten su determinación. Antes de la despedida, ayudó al equipo periodístico a recoger sus equipos, un acto reflejo de su empatía y servicio.
Su mensaje final fue claro y contundente: “Ser mujer no es un límite. Es un impulso”. Reconoce que las oportunidades para mujeres bomberas son “escasas” y que el entorno, históricamente masculino, multiplica el reto. En países como Estados Unidos, las mujeres representan solo el 9% del personal de bomberos, una cifra aún menor en América Latina.
“Es difícil porque es para hombres. Es un trabajo para hombres porque todo es pesado”, afirmó, explicando la fuerza necesaria para manejar la presión de una manguera. Sin embargo, enfatiza que “ya con el conocimiento, todo se te facilita”. Para Celia, el límite no es físico, sino “más querer que un deber”. Por ello, continúa capacitándose, actualmente en enfermería, para brindar apoyo a los heridos antes de la llegada de las ambulancias.
Celia se inscribe en la estadística de hogares monoparentales en la República Dominicana, donde, según la Encuesta Nacional de Hogares (ENHOGAR) 2022, el 34.7% de las jefaturas femeninas corresponden a este tipo de hogar. La crianza y el sostenimiento recaen en gran medida sobre ellas.
Cuando suena la alarma, su cuerpo responde automáticamente. Corre hacia el fuego con las mismas manos ásperas con las que peina a sus hijos, cocina antes de salir y responde mensajes entre servicios. “Si algo tienen seguro mis hijos, es su mamá”, concluyó, antes de regresar al camión, con sus manos de bombera siempre dispuestas, mientras su corazón corre, incondicionalmente, hacia sus hijos.


