Santo Domingo.- La inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en una realidad cotidiana en las redacciones dominicanas. La discusión ya no se centra en su llegada, sino en cómo integrarla eficazmente sin comprometer el rigor y la credibilidad periodística.
Esta tecnología transforma procesos, acelera análisis y redefine la producción y consumo de información. Sin embargo, junto a sus beneficios, emergen desafíos éticos, profesionales y académicos que obligan a los medios a repensar el oficio.
Para Persio Maldonado, presidente de la Sociedad Dominicana de Diarios, la IA está generando cambios estructurales en la comunicación. Destaca la obligación de los medios de comprenderla y utilizarla con responsabilidad, definiendo su propósito. Advierte que, si bien facilita procesos y mejora la productividad, también puede ampliar el espectro de la desinformación si se usa sin criterio. Por ello, considera imprescindible su enseñanza formal en las universidades y la capacitación continua de periodistas, a través de programas impulsados junto a la Sociedad Interamericana de Prensa y Google.
Desde la televisión y el periodismo investigativo, Alicia Ortega, directora general y vicepresidente ejecutiva del Grupo SIN, afirma que la IA ya es parte del presente del oficio. Sostiene que la tecnología no sustituye al reportero, sino que lo fortalece cuando se emplea con un enfoque editorial claro. En un entorno de inmediatez digital, el verdadero reto es preservar la credibilidad. “La inteligencia artificial no reemplaza al periodista, lo potencia; es una herramienta poderosa, pero la conciencia profesional y la credibilidad siguen siendo insustituibles”, enfatizó Ortega.
En la misma línea, Diurka Pérez, presidente del Consejo de los Medios Avance, subraya que la IA facilita la corroboración de datos, el acceso a más fuentes y el enriquecimiento de contenidos web. No obstante, alerta sobre los riesgos de montajes hiperrealistas, fotografías manipuladas y contenidos falsos que pueden confundir incluso a profesionales experimentados. Aunque reconoce la existencia de mecanismos tecnológicos para verificar imágenes y videos, insiste en que el periodista debe mantener las alertas activas y no confiar ciegamente en la automatización.
Óscar Quezada, director del periódico El Tiempo, ve la IA como una aliada estratégica que libera tiempo de tareas mecánicas y simplifica el análisis de grandes volúmenes de datos. Sin embargo, observa que el ecosistema digital impone una presión constante por la velocidad y los clics, multiplicando el riesgo de error. En su visión, el desafío no es informar primero, sino informar mejor, asumiendo un rol curatorial que jerarquice y explique en medio de la saturación informativa.
Desde el periodismo digital, Carlos Osi Pérez, director de prensa de N Digital, considera que la IA permite presentar las noticias con un enfoque más dinámico, incorporando antecedentes y recursos visuales. Pero advierte sobre el peligro de la dependencia excesiva, señalando que el periodista no puede subordinar su capacidad investigativa e interpretativa a una herramienta que, sin equilibrio, podría debilitar la profundidad del análisis.
Una visión amplia ofrece Francisco Tavárez, director y fundador del Grupo de Comunicación El Demócrata, quien define la IA como una herramienta potente para agrupar y depurar información, especialmente tras completar los protocolos de verificación. A su juicio, el gran reto es sostener la credibilidad en un contexto dominado por la rapidez y la economía de la atención. Señala que el deepfake y la manipulación parcial de hechos reales dificultan distinguir entre información legítima y contenidos alterados. Frente a la sobrecarga informativa, propone creatividad e ingenio como antídotos, apostando por nuevos enfoques que respeten el sentido original de los hechos.
Por su parte, Kirsy Díaz, directora del periódico Panorama, enfatiza que la comunicación evoluciona constantemente y que adaptarse a la IA es un deber profesional. Reconoce su utilidad en procesos como transcripciones y traducciones, pero recalca que la verificación de datos es hoy más crucial que nunca para evitar que lo ficticio se confunda con lo real.
El periodista y escritor Víctor Bautista aporta una reflexión de fondo: el desafío no es tecnológico, sino epistemológico. Asegura que la automatización puede liberar tiempo para trabajos de mayor profundidad interpretativa, siempre que se entienda como un sistema auxiliar. En su análisis, la clave está en la trazabilidad de fuentes y la transparencia editorial, pues la credibilidad será el activo diferencial en un entorno saturado de información sintética.
En conjunto, las voces consultadas en Santo Domingo coinciden en un punto esencial: la inteligencia artificial no redefine la esencia del periodismo, pero sí exige una redefinición de sus prácticas. La tecnología puede organizar datos, detectar patrones y optimizar tiempos; sin embargo, el criterio humano, la ética y la responsabilidad social siguen siendo irremplazables. En esta nueva era de la IA, el reto no consiste en competir con las máquinas, sino en utilizarlas con inteligencia, porque en medio de la velocidad, el ruido y la hiperconectividad, la credibilidad continúa siendo el capital más valioso del periodismo.


