U.S.A.– La sangre menstrual, un fluido biológico históricamente subestimado en la investigación médica, está emergiendo como una herramienta prometedora para el diagnóstico temprano y no invasivo de la endometriosis y una gama de otras afecciones de salud femenina.
La experiencia de Emma Backlund, una estudiante de posgrado de 27 años de Minnesota, ilustra la urgencia de nuevos métodos diagnósticos. Backlund sufrió menstruaciones extremadamente dolorosas desde los 11 años, con síntomas que incluían vómitos y ausencias escolares. Tardó 13 años en recibir un diagnóstico de endometriosis, un trastorno crónico en el que el tejido similar al revestimiento del útero crece fuera de este.
La endometriosis afecta a aproximadamente 190 millones de personas en todo el mundo, es decir, una de cada diez mujeres en edad reproductiva, causando dolor pélvico insoportable, sangrado abundante y, en ocasiones, infertilidad. El diagnóstico, que actualmente requiere una laparoscopia (un procedimiento quirúrgico invasivo), suele demorar entre 5 y 12 años, perpetuando el sufrimiento de las pacientes.
Ante esta realidad, empresas emergentes como NextGen Jane, con sede en Oakland, California, están liderando la búsqueda de alternativas. Ridhi Tariyal, cofundador y director ejecutivo de NextGen Jane, explica que la sangre menstrual es un “biopsia natural” que ofrece acceso a tipos de células y características moleculares no disponibles en otras muestras biológicas. Desde su fundación en 2014, la compañía ha analizado más de 2.000 muestras de más de 330 mujeres utilizando tampones especialmente diseñados.
La doctora Christine Metz, bióloga reproductiva de los Institutos Feinstein para la Investigación Médica de Northwell Health en Estados Unidos, ha estudiado la sangre menstrual durante más de una década. Inicialmente enfocada en biomarcadores para la endometriosis, ahora explora su potencial para diagnosticar otras afecciones uterinas como el cáncer de endometrio, la adenomiosis (crecimiento del revestimiento uterino dentro de la pared uterina) y la endometritis (inflamación persistente del revestimiento endometrial). Un estudio, por ejemplo, identificó 385 proteínas presentes exclusivamente en la sangre menstrual.
La doctora Metz, quien recolecta muestras en copas menstruales, subraya que este fluido ofrece una visión integral de la salud uterina, a diferencia de la pequeña fracción de tejido obtenida en una biopsia endometrial. Su equipo, en colaboración con el genetista Peter Gregersen, ha estudiado a más de 3.700 mujeres, detectando diferencias significativas en pacientes con endometriosis, como la reducción de células asesinas naturales uterinas y alteraciones en los fibroblastos del estroma, que afectan la reparación del útero y se han vinculado al síndrome de ovario poliquístico (SOP) y abortos espontáneos. La doctora Metz espera solicitar la aprobación de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para un kit de diagnóstico casero en 2027.
Por su parte, los investigadores de NextGen Jane están secuenciando ARN mensajero (ARNm) de la sangre menstrual para identificar biomarcadores específicos. Han encontrado varios marcadores que permiten distinguir la endometriosis en mujeres infértiles, hallazgos que están siendo validados en un estudio con cientos de mujeres. En mayo de 2025, la empresa recibió una subvención de $2,2 millones de dólares para financiar la validación clínica de su prueba.
La utilidad de la sangre menstrual se extiende más allá de la endometriosis. El trabajo de NextGen Jane sugiere vínculos entre la salud uterina y el envejecimiento, así como la posible identificación de enfermedades autoinmunes como el hipotiroidismo o el hipertiroidismo. Tariyal enfatiza que estudiar este fluido podría ofrecer un nuevo modelo para enfermedades inflamatorias e inmunomediadas.
Otros avances incluyen la detección de la diabetes. La startup californiana Qvin demostró, en estudios entre 2021 y 2024, que el nivel de azúcar en la sangre menstrual refleja fiablemente los niveles sistémicos. Sus hallazgos condujeron a la aprobación de la FDA en 2024 de la primera y única prueba para medir la glucemia menstrual: el Q-Pad, una compresa sanitaria con una tira recolectora. Qvin también ha mostrado su eficacia en la detección de cepas de alto riesgo del virus del papiloma humano (VPH), incluso superando a las citologías vaginales tradicionales en un estudio en Tailandia en 2022. Actualmente, investigan la detección de infecciones de transmisión sexual como la clamidia y la gonorrea, y planean analizar hormonas y marcadores inflamatorios, según Mads Lillelund, codirector ejecutivo de Qvin.
De igual forma, la startup berlinesa theblood, cofundada en 2022 por Isabelle Guenou, quien sufrió endometriosis, está validando un kit para predecir la endometriosis, la menopausia precoz, el SOP y problemas de fertilidad. También ha correlacionado los niveles de vitaminas A y D en la sangre menstrual con los sistémicos.
Incluso la exposición a toxinas ambientales puede ser detectada, como lo demostró un pequeño estudio de la doctora Metz en 2022 que halló fenoles, parabenos y ftalatos en muestras de sangre menstrual.
A pesar de estos progresos, gran parte de la sangre menstrual sigue siendo un misterio. Investigadores coinciden en que el desconocimiento se debe, en gran medida, a los estigmas culturales persistentes que rodean la menstruación, y a un sesgo histórico en la investigación médica que ha priorizado a sujetos masculinos. En 2020, la investigación en salud femenina representó solo el 5% de la financiación global en investigación y desarrollo.
“Se invierte más dinero en la calvicie de patrón masculino que en la endometriosis“, lamenta Lillelund, destacando la desproporción. Esto ha forzado a los investigadores a desarrollar y estandarizar protocolos de recolección y procesamiento de muestras casi desde cero.
No obstante, se vislumbra una “revolución menstrual”. El Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), por ejemplo, lanzó una iniciativa de US$10 millones en julio de 2025 para estudiar el impacto de los ciclos menstruales en la inmunología. Además, están surgiendo biobancos de sangre menstrual, como el impulsado por la emprendedora británica Karli Büchling, quien colabora en la creación del primer biobanco menstrual de Europa, esperando abrirlo a investigadores a finales de 2026.
Para mujeres como Emma Backlund e Isabelle Guenou, la investigación en sangre menstrual representa una esperanza largamente esperada. “Fue realmente solitario y aislado” crecer con dolor menstrual sin saber la causa, señala Backlund. Si estos esfuerzos logran su cometido, la próxima generación de niñas y mujeres podría acceder a diagnósticos más rápidos y evitar el sufrimiento físico y emocional que marcó a generaciones anteriores.


