NUEVA YORK.- La preocupación por la posible presencia de sustancias químicas en algunos utensilios de cocina ha crecido hasta alcanzar millones de hogares, motivando un llamado de expertos a comprender los riesgos y adoptar decisiones simples para reducirlos.
En los últimos años, la ciencia ha centrado su atención en las sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), comúnmente conocidas como “químicos eternos”. Estas sustancias reciben tal denominación debido a su persistencia en el ambiente y en el cuerpo humano, ya que no se degradan con facilidad.
Investigaciones difundidas por The Conversation y estudios compilados por la Environmental Protection Agency (EPA) de Estados Unidos, indican que estos compuestos son valorados por su resistencia al calor, al agua y a la grasa. Por ello, se encuentran en una variedad de productos, incluyendo sartenes antiadherentes, envases de alimentos, ropa impermeable y ciertos productos industriales. El riesgo principal radica no en un uso aislado, sino en la exposición acumulada a lo largo del tiempo.
Aunque la cuestión requiere un contexto amplio, algunos estudios han asociado la exposición prolongada a ciertos PFAS con problemas de salud como:
- Alteraciones en el funcionamiento de las tiroides.
- Aumento del colesterol.
- Daños hepáticos.
- Mayor riesgo de algunos tipos de cáncer (renal, testicular).
- Problemas reproductivos y de desarrollo.
- Efectos en el sistema inmunitario.
Organismos como los Centers for Disease Control and Prevention (CDC) aclaran que la evidencia científica aún está en desarrollo y que no existe una relación directa y automática entre el uso de una sartén específica y el desarrollo de una enfermedad. La clave reside en la exposición total acumulada a lo largo de la vida de una persona.
Ante la pregunta de si se deben dejar de usar sartenes antiadherentes, la respuesta de los expertos es "no necesariamente". La mayoría de los utensilios modernos son considerados seguros si se utilizan de forma adecuada. No obstante, el riesgo puede incrementarse en situaciones específicas, como el uso de utensilios dañados (rayados o descascarillados) o el calentamiento excesivo a temperaturas extremadamente altas. En condiciones normales, el uso cotidiano no representa un peligro inmediato para la salud.
Más allá de cambios drásticos, los especialistas aconsejan ajustes sencillos y sostenibles para reducir la presencia de tóxicos en la cocina:
- No sobrecalentar las sartenes.
- Evitar utensilios de cocina antiadherentes rayados o dañados.
- Utilizar ventilación adecuada.
- Limpiar las sartenes suavemente.
Se recomienda también alternar con materiales como el acero inoxidable, el hierro fundido y la cerámica. La estrategia no es buscar la perfección, sino diversificar los materiales y optimizar el uso de los utensilios existentes.
Los especialistas enfatizan que los PFAS no se limitan a las sartenes, sino que también pueden hallarse en el agua potable (en ciertas regiones), envases de comida rápida y diversos productos de uso diario. Por lo tanto, el enfoque debe ser una reducción de la exposición total, en lugar de una obsesión por un único objeto.
La información sobre salud, si se presenta sin un contexto adecuado, puede generar alarma innecesaria. En este caso, la evidencia actual no sugiere que cocinar en casa sea una actividad peligrosa; por el contrario, sigue siendo una de las mejores decisiones para el cuidado de la salud. Lo que sí se modifica es el nivel de conciencia. No es necesario desechar todos los utensilios de cocina ni dejar de cocinar, pero sí comprender mejor los materiales que se emplean a diario. La salud se construye a través de múltiples pequeñas elecciones que, con el tiempo, marcan una diferencia significativa. Estar bien informado es, en la cocina y en la vida, el primer paso hacia la tranquilidad.




