Santo Domingo.- La Iglesia Católica llevó a cabo este viernes el tradicional Sermón de las Siete Palabras en la Catedral Primada de América, un espacio de reflexión sobre las problemáticas que afectan a la sociedad dominicana, como la desigualdad, la corrupción, la inseguridad y la violencia.
El acto litúrgico fue encabezado por monseñor Carlos Tomás Diplán, arzobispo coadjutor de Santo Domingo, quien dio inicio a las jornadas de oración y palabras de apertura.
La primera palabra, extraída del evangelio de Lucas 23,24: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen», fue expuesta por el reverendo padre Francisco Benito Alvarado Herrera, Vicario Episcopal de Pastoral de Adolescencia y Juventud y administrador parroquial de la Parroquia Nuestra Señora de la Fe.
En su reflexión, el sacerdote Alvarado Herrera defendió a los sectores más vulnerables de la sociedad, incluyendo a los enfermos, ancianos, inmigrantes y encarcelados, quienes, según sus palabras, «no gozan del favor de quienes se entretienen con proyectos personales, que no siempre se alinean con el evangelio y sus exigencias».
El reverendo cuestionó el accionar de las autoridades, señalando que estas obran en contra de la «horizontalidad de la Iglesia» y no cumplen con su función de proteger a los más débiles, sino que fungen como «espacio de angustia y dolor».
«La astucia del malvado coincide para que el inocente muera, ¿quién puede salvar al inocente de las manos de los malvados?», enfatizó el vicario Alvarado Herrera.
El sacerdote también abordó el impacto negativo de las redes sociales en los jóvenes, quienes, a su juicio, desarrollan una falsa idea de la felicidad, influenciados por plataformas digitales y «falsos profetas» que promueven una concepción errónea de la libertad.
Asimismo, advirtió sobre el descuido de los progenitores, quienes, inmersos en sus «intereses particulares», descuidan la educación y el cuidado de los infantes, cuya inocencia queda expuesta a través de las pantallas digitales.
«Desde esa mirada, terminan siendo víctimas visibles y consumidores de podredumbre que se vuelven contenido y contenido que se vuelven moneda», expresó el párroco.
La Iglesia también criticó la ineficacia de las autoridades para regular el porte de armas en jóvenes en edad escolar, lo que pone en peligro la vida de inocentes.
El sacerdote denunció categóricamente la violencia que lacera la sociedad, donde la vida pierde valor, dejando niños en orfandad, mujeres sin vida y hogares marcados por el odio y el deseo de venganza.
«El hombre, como ser masculino, no termina de entender que no es dueño de la vida y la libertad de las mujeres», citó el reverendo, haciendo un llamado a castigar la violencia de género.
Durante el acto litúrgico, el reverendo también criticó el accionar de los organismos de control migratorio, recordándoles que «la ley nunca puede estar por encima de la dignidad humana» y que es su deber proteger al «inmigrante hambriento, inseguro y rechazado».
«Ayuda, Señor, a que se ponga la mirada en tu reino para entender que las líneas fronterizas no se marcan en los corazones, que la cultura y la historia nos pueden hacer diferentes, pero no mejores o superiores», señaló el religioso.
Finalmente, el padre reiteró la denuncia sobre la corrupción del Estado y la falta de democracia, donde los que ostentan el poder priorizan sus intereses sobre los del prójimo y «se reparten el botín entre colegas en las sombras de los acuerdos extraoficiales».
También criticó las deficiencias del sistema de salud y la falta de seguridad social, especialmente para quienes padecen problemas de salud mental y deambulan por las calles sin el debido apoyo.


