CIUDAD DE MÉXICO.- La fascinación por la exploración espacial, desde los relatos de Julio Verne y H.G. Wells, se ha trasladado a misiones como Artemis II y las promesas de magnates como Elon Musk de alcanzar Marte. Sin embargo, el escritor argentino Michel Nieva, radicado en Silicon Valley, argumenta que esta narrativa genera «más expectativas que realidades» y funciona principalmente como una «ficción especulativa que alimenta al mercado financiero más que un desarrollo tecnológico real».
En entrevista con EFE durante su visita a México, Nieva detalló que “estas narrativas solo funcionan en los mercados financieros. Se promete viajar a Marte, suben las acciones, y aunque luego no suceda, el efecto ya se produjo”. Este mecanismo, según el autor, prioriza la especulación económica sobre el avance tecnológico genuino.
A pesar del interés global por los intentos de la humanidad de regresar a la órbita lunar, más de 50 años después del último viaje del Apollo 17, Nieva cuestiona el impacto real de estos supuestos progresos en regiones con profundas desigualdades y dependencias económicas, como Latinoamérica.
El escritor criticó a empresas como SpaceX, la compañía aeroespacial de Elon Musk, por “vender humo” con promesas de viajes a Marte para inflar el valor de sus acciones y “seducir a los mercados”. Afirma que, aunque estas iniciativas se basan en el atractivo de la tecnología avanzada, rara vez se concretan y no generan beneficios directos para los ciudadanos comunes.
En sus obras, incluyendo su novela ‘La infancia del mundo’ (2023), Nieva emplea la ciencia ficción para explorar escenarios donde la tecnología no mejora la vida, sino que la precariza. Cita el caso de gobiernos como el del presidente argentino Javier Milei, que impulsan prácticas extractivas como la fractura hidráulica y la extracción de minerales como el litio, exacerbando estas problemáticas.
Las narrativas de Nieva proyectan futuros distópicos, como una Patagonia argentina reducida a islotes en 200 años debido al deshielo polar, o la Pampa convertida en un «nuevo Caribe» con un canal intercontinental al estilo de Panamá. Estas visiones, aunque “exageradas”, reflejan “una realidad que ya está sucediendo”, según el autor.
Su objetivo es “mostrar una deformación completa de ecosistemas muy emblemáticos que suelen romantizarse, pero que hoy ya están atravesados por procesos extractivos”. Para ello, Nieva ha creado el ‘gauchopunk’, un género influenciado por el ‘ciberpunk norteamericano’ de autores como Phillip K. Dick y su novela ‘¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?’ (1968), llevada al cine por Ridley Scott en 1982.
Los mundos de Nieva sustituyen los rascacielos corporativos y la alta tecnología por un turismo que ha “monetizado” las catástrofes naturales, donde las playas limpias son un privilegio para “quienes pueden pagarlas”, mientras la mayoría vive en “territorios devastados” y se baña entre desechos tecnológicos.
La ciencia ficción se ha convertido para Nieva en una herramienta crítica para anticipar los desastres que percibe en su país y región. Su trabajo le valió en 2021 el Premio O. Henry, uno de los galardones de relato corto más prestigiosos de Estados Unidos, que también han recibido autores como William Faulkner o Stephen King.
“Una de las potencias de la ciencia ficción es trabajar con grandes escalas de tiempo para pensar procesos que en el corto plazo no se ven”, explicó Nieva. Añadió que este género “permite entender el tiempo de otra manera y proyectar consecuencias que ya están en marcha, pero que todavía no terminamos de percibir”.
El enfoque de Nieva radica en analizar el impacto del cambio climático, destacando que “no afecta a todos por igual” y visibilizando la “radicalización de las diferencias entre quienes pueden acceder a ciertos espacios y quienes quedan relegados a entornos degradados”.
“La ciencia ficción permite mirar el presente como si fuera pasado, tomar distancia y verlo con otros ojos”, puntualizó el autor.
Mediante su escritura, Nieva aspira a “crear algo que no existe”, con la esperanza de que “incluso en contextos catastróficos, el arte aparezca como una forma de redención”.


