NUEVA YORK.- El estado de Nueva York ha eliminado oficialmente la licencia especial que durante décadas obligaba a los bares y restaurantes a obtener un permiso para permitir que sus clientes bailaran dentro de sus establecimientos.
La gobernadora de Nueva York, Kathy Hochul, anunció la derogación inmediata de esta normativa, considerada por muchos sectores como una medida obsoleta que afectaba la vida nocturna, el entretenimiento y la actividad cultural en el estado. Con esta decisión, la Autoridad de Bebidas Alcohólicas del Estado (SLA) dejará de exigir permisos especiales relacionados con el baile y tampoco podrá tomar en cuenta si un negocio permite bailar al momento de evaluar solicitudes de licencias para vender alcohol.
La eliminación de esta restricción representa un nuevo paso dentro de los esfuerzos del gobierno estatal para modernizar las políticas vinculadas al sector hotelero, los espectáculos en vivo y la vida nocturna en Nueva York. “La hostelería es una parte fundamental de nuestras comunidades y de la economía estatal”, afirmó Hochul al destacar que esta medida facilitará el crecimiento de bares, restaurantes y centros de entretenimiento.
La mandataria también señaló que tanto residentes como turistas podrán disfrutar con mayor libertad de la energía cultural que caracteriza al estado de Nueva York. La conocida Ley de Cabaret fue creada en 1926 durante la época de la Prohibición en Estados Unidos y restringía el baile únicamente a establecimientos con una licencia extremadamente difícil de obtener.
Aunque la ciudad de Nueva York ya había eliminado esa ley en 2017 bajo la administración del entonces alcalde Bill de Blasio, todavía permanecían vigentes algunas limitaciones estatales relacionadas con los permisos de bebidas alcohólicas. En aquel momento, el entonces concejal Rafael Espinal impulsó la derogación municipal argumentando que la normativa limitaba expresiones culturales y afectaba de manera desproporcionada a comunidades minoritarias.
Diversos sectores denunciaron durante años que la ley fue utilizada históricamente para controlar clubes de jazz en Harlem, especialmente aquellos donde existía integración racial. Entre 1940 y 1967, incluso músicos y empleados de locales nocturnos debían poseer licencias especiales para poder trabajar, una situación que afectó a figuras legendarias como Ray Charles y Billie Holiday.
La presidenta de la SLA, Lily M. Fan, sostuvo que la prioridad de la institución debe centrarse en la seguridad pública y no en determinar si las personas bailan o no dentro de un establecimiento. Mientras tanto, organizaciones del sector hotelero y gastronómico celebraron la medida, destacando que la música y el baile forman parte esencial de la identidad cultural y económica de muchas comunidades neoyorquinas.


