BAGDAD.- El Gobierno de Irak anunció la creación de un comité especial encargado de supervisar el desarme y la desvinculación de dos importantes milicias del grupo paramilitar conocido como Fuerzas de Movilización Popular, en una medida que busca reforzar el control estatal sobre las armas y responder a las presiones de Estados Unidos para limitar la influencia iraní en el país.
La decisión fue adoptada tras una reunión entre el primer ministro iraquí, Ali al Zaidi, y representantes de las milicias Asaib Ahl al Haq y Brigadas Imam Ali, organizaciones que recientemente anunciaron su separación de las Fuerzas de Movilización Popular.
Según informó la oficina del Gobierno, el nuevo comité tendrá la tarea de diseñar los mecanismos necesarios para concretar la desvinculación de estas agrupaciones y garantizar que todas las armas queden bajo control exclusivo del Estado iraquí.
Al Zaidi destacó la decisión de ambas milicias y calificó su postura como una muestra de responsabilidad, en un contexto marcado por las crecientes tensiones regionales y las exigencias de Washington para reducir el poder de los grupos armados vinculados a Irán.
Las Fuerzas de Movilización Popular surgieron en 2014 para combatir al grupo terrorista Estado Islámico, tras un llamado religioso del ayatolá Ali al Sistani. Sin embargo, en los últimos años se ha intensificado el debate sobre su permanencia, especialmente después de la derrota territorial del EI.
El Gobierno iraquí insiste en que su prioridad es consolidar el monopolio estatal de las armas, aunque algunas facciones integradas en las FMP han actuado de manera independiente y han sido acusadas de atacar intereses estadounidenses y objetivos en países del golfo Pérsico.
No obstante, la iniciativa enfrenta resistencia dentro de algunas de las milicias más influyentes del bloque paramilitar. Grupos como Kataib Hizbulá y Harakat al Nujaba han expresado su rechazo a cualquier intento de disolución, argumentando que continúan desempeñando un papel esencial en la defensa del país.
La negativa de estas organizaciones podría generar nuevas tensiones entre Bagdad y Washington, así como abrir divisiones internas dentro del propio aparato de seguridad iraquí.


