Washington.- La celebración del octavo cumpleaños del expresidente Donald Trump se vio marcada por un controvertido evento de artes marciales mixtas (MMA) que tuvo lugar en los jardines de la Casa Blanca. Entre las imágenes más impactantes estuvo el rostro ensangrentado del luchador georgiano Ilia Topuria, quien perdió su cinturón de peso ligero tras una feroz pelea contra el estadounidense Josh Hokit.
Hokit, en medio de la celebración, hizo un comentario que generó controversia al declarar: «Michelle Obama es un hombre». Este comentario fue pronunciado después de su victoria sobre Derrick Lewis y provocó tanto apoyo como desconcierto entre los asistentes. La teoría conspirativa contra Michelle Obama ha sido desmentida repetidamente desde 2008, pero cobró fuerza en 2014 cuando la fallecida comediante Joan Rivers fue grabada afirmando que Michelle era transgénero y Barack Obama homosexual.
La fiesta de cumpleaños del mandatario republicano congregó a fervorosos seguidores, quienes disfrutaron de una inusual iconografía para un evento oficial. Entre los asistentes destacaron figuras como el director ejecutivo de Meta, Mark Zuckerberg, y David Ellison de Paramount. También se encontraba presente el presentador español Pablo Motos, quien viajó a Washington para apoyar a Topuria, con quien mantiene una estrecha relación de amistad.
Motos presenció en primera persona la brutal pelea que recibió Topuria, hasta entonces invicto en su carrera. El luchador hispano-georgiano salió del combate con el rostro completamente desfigurado y fue trasladado de urgencia a un hospital para ser atendido.
Más allá del combate, críticos afirmaron que la velada buscó proyectar una imagen de Trump como un mandatario decidido a convertir la política en espectáculo y reforzar su conexión con una base afín a la épica de la confrontación. Este clima ya se anticipaba desde el pasado viernes, cuando Topuria empujó a su rival Justin Gaethje durante un careo previo al combate.
El despliegue del evento, que incluyó un gigantesco ring instalado en la Casa Blanca y una Fan Zone multitudinaria en las inmediaciones, buscó transmitir una imagen de liderazgo sin complejos. Para los opositores, sin embargo, el evento reforzó la idea de un jefe de Estado que da prioridad a la grandilocuencia y al culto a su personalidad en escenarios tradicionalmente reservados a actos institucionales.




