Playa Grande (La Guaira), Venezuela.- El silencio se apodera del lugar mientras los rescatistas buscan entre los escombros de un edificio derrumbado por el doble terremoto que sacudió Venezuela. A pesar de las órdenes para mantener la calma, una madre desconsolada no puede contener sus llantos.
La tensión se siente en el aire mientras los equipos de rescate continúan su labor sin encontrar signos de vida, a pesar de que familias agrupadas alrededor del lugar aseguran haber escuchado interferencias de radio provenientes de un militar atrapado intentando comunicarse con el exterior.
Hasta ahora, los rescatistas han recuperado 15 cadáveres. En medio de la devastación, se pueden observar estancias completas que quedaron congeladas en el tiempo: mesas puestas y lavadoras en marcha.
En un edificio cercano, Robert Flores y su suegro caminan entre los escombros buscando a familiares desaparecidos. Han logrado ubicar la habitación de su hermano y esposa embarazada pero no han encontrado rastros de ellos. Los rescatistas ya inspeccionaron el edificio sin éxito, encontrando solo 20 cuerpos.
En Caraballeda, Francisco Bastardo, padre de un niño desaparecido llamado Fabio, sigue aferrándose a la esperanza de encontrarlo con vida. «No pierdo la esperanza de que mi hijo va a aparecer», declaró a EFE. Sin embargo, su madre expresó su frustración: «siete días y solo han sacado unas cajas».
Ya han transcurrido nueve días desde el terremoto y la tensión entre las familias es máxima. En Los Cocos, un inmenso complejo donde quedan apenas dos torres de cinco pisos en pie, los equipos de rescate continúan trabajando bajo estrictas medidas de silencio.
Un coche del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) espera a pocos metros mientras el rescate de cadáveres avanza lentamente, priorizando la búsqueda de personas con vida.




