Santo Domingo.- En febrero de 2020, cuando se suspendieron las elecciones municipales en la República Dominicana debido a fallas con el voto electrónico, los residentes del Gran Santo Domingo inventaron novedosas formas de protesta para expresar su descontento.
Mientras que durante el día, los ciudadanos se concentraban en la Plaza de la Bandera, Distrito Nacional, para exigir al entonces presidente Danilo Medina que abordara las necesidades nacionales, especialmente las de los más vulnerables, por la noche, sus quejas se manifestaban a través de cacerolazos. Este método de protesta reemplazó la tradicional quema de gomas.
Los cacerolazos no son un fenómeno nuevo ni exclusivo del país dominicano; su origen remonta más allá de un siglo. Sin embargo, seis años después, en 2026, el resonar de las ollas, sartenes y cucharas vuelve a llenar los sectores capitalinos, sin importar la clase social.
El punto de inflexión ha sido la creciente insatisfacción ciudadana ante la arbitrariedad policial en sus actuaciones y el rechazo al nuevo Código Penal. Este panorama evoca las extensas jornadas de protesta realizadas por los dominicanos, especialmente residentes en la capital, en febrero de 2020 contra el gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).
En las últimas horas, los cacerolazos se han escuchado con fuerza en zonas populares como Las Palmas de Herrera, Ensanche La Fe, Honduras del Norte, Pablo Mella Morales, Villa Mella, Villa Duarte y Villa Marina; pero también en áreas exclusivas como El Cacique, Bella Vista, Arroyo Hondo, El Renacimiento y Naco.




