MADRID.- Los dos grandes incendios forestales que afectan al centro de España, descontrolados y próximos entre sí, suman más de 200 kilómetros de perímetro y han dañado unas 45.000 hectáreas, según los últimos datos proporcionados por el Ministerio para la Transición Ecológica.
El incendio en la provincia de Ávila ha afectado a alrededor de 21.000 hectáreas en un perímetro de 112 kilómetros, mientras que el de Madrid supera las 24.000 hectáreas quemadas en un contorno de unos 100 kilómetros.
El número total de personas afectadas rebasa los 88.500, entre evacuados y confinados, según informaron las autoridades.
Varios expertos han alertado que estos son fuegos «extremos», capaces de generar su propia meteorología, lo que complica la previsión de cómo evolucionarán. Esto significa que «quedan fuera de la capacidad de extinción, pues emiten una energía de más de 10.000 kW por metro».
Víctor Resco de Dios, ingeniero especialista en ecosistemas terrestres, explicó a EFE que ambos focos «están interactuando con la capa límite de la atmósfera», se acoplan a las frías y generan «estas nubes, los pirocúmulos».
Además, «tienen mucha mayor aireación y muy aleatoria, lo que complica su gestión y su extinción». Este tipo de incendios, añadió, se clasifican como de «sexta generación».
Sara Mateos, agente medioambiental del sindicato de empleados públicos CSIF, dijo a EFE que con este tipo de fuegos es complicado hacer una previsión. «No te puedes atener a los modelos meteorológicos, sino que tienes que ir viendo el comportamiento del propio incendio y puede haber cambios de viento repentinos», como en estos casos.
«La dificultad de su extinción radica -indicó- en que crean una climatología propia que no se puede prever, lo que les hace particularmente peligrosos».
Mateos también comentó que se habla continuamente de los motivos por los cuales se crean estos focos y cita el «cambio climático, la despoblación de los pueblos y el estado del monte». En Madrid y Ávila, el monte es una extensión muy continua de vegetación: «Es como si tuviérams autopistas para el fuego. No hay nada que lo frene».
En la provincia de Madrid existe además el problema de la «interfaz», casas desperdigadas en el monte o que están en la transición entre lo urbano y las zonas forestales, y ahí no se ha llevado a cabo «la prevención necesaria», es decir, no existe un plan de gestión de la vegetación de alrededor.




