El voto de la diáspora: ¿poder real o representación simbólica?

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En el primer artículo de esta serie sostuvimos una idea que debemos comenzar a asumir con toda claridad: la diáspora dominicana no es una alcancía.

Es una parte de la nación.

Aporta miles de millones de dólares a la economía dominicana, mantiene familias, invierte, compra viviendas, crea empresas y conserva vínculos culturales y afectivos con el país.

Pero existe una contradicción que debemos discutir:

Tenemos una diáspora con un peso económico cada vez mayor, pero todavía no hemos conseguido convertir ese peso en una fuerza política organizada.

Y aquí aparece una pregunta inevitable:

¿El voto de la diáspora representa realmente poder político o se ha convertido solamente en una representación simbólica?

El voto existe. Falta convertirlo en poder

La República Dominicana reconoció hace años el derecho de sus ciudadanos residentes en el exterior a participar en las elecciones nacionales.

Fue un avance importante.

Miles de dominicanos pueden votar desde Estados Unidos, España, Italia, Puerto Rico y otros países.

Además, existen diputados elegidos por las circunscripciones del exterior.

Pero el problema no termina con tener una boleta electoral o algunos representantes en el Congreso.

La verdadera pregunta es:

¿Existe una agenda política de la diáspora que esos representantes estén obligados a defender?

Porque votar cada cuatro años no significa necesariamente tener poder político.

El poder comienza cuando una comunidad organizada puede identificar sus intereses, establecer prioridades, exigir compromisos y fiscalizar a quienes fueron elegidos para representarla.

La diáspora no puede ser solamente un territorio electoral

Durante las campañas electorales todos descubrimos la importancia de los dominicanos en el exterior.

Los candidatos viajan.

Se organizan encuentros.

Se realizan reuniones comunitarias.

Se pronuncian discursos.

Se prometen soluciones.

Y durante algunas semanas la diáspora se convierte en una prioridad política.

Después de las elecciones, muchas veces vuelve a ocupar un lugar secundario.

Ese modelo debe cambiar.

La comunidad dominicana en el exterior no puede ser tratada como un territorio electoral que se visita cada cuatro años.

Debe ser considerada una comunidad permanente, con problemas permanentes y derechos permanentes.

¿Qué debería defender un diputado de ultramar?

No basta con que un legislador diga que representa a los dominicanos del exterior.

Hay que preguntarle:

¿Cuál es su agenda?

¿Cuántas iniciativas ha presentado para reducir los costos de los servicios consulares?

¿Qué ha hecho para mejorar la protección de las propiedades de los dominicanos residentes fuera del país?

¿Qué propuestas ha impulsado para facilitar la inversión de la diáspora?

¿Qué ha hecho para facilitar el regreso y la reinserción de quienes quieren regresar?

¿Qué ha hecho para fortalecer la relación con las nuevas generaciones nacidas en el exterior?

¿Qué mecanismos de rendición de cuentas tiene ante la comunidad que lo eligió?

Estas preguntas no son ataques políticos.

Son preguntas democráticas.

La política de la diáspora no puede reducirse a partidos

Existe otro problema.

La comunidad dominicana en el exterior está profundamente dividida entre partidos políticos.

Eso es normal hasta cierto punto. La diversidad política forma parte de cualquier sociedad democrática.

El problema aparece cuando la afiliación partidaria termina siendo más importante que los intereses colectivos de la comunidad.

La diáspora necesita una agenda que pueda ser defendida por dominicanos de diferentes posiciones políticas.

Una agenda mínima sobre la que podamos coincidir:

seguridad jurídica, reducción de costos consulares, protección de las inversiones, mejores servicios, vivienda, educación, participación política y oportunidades para las nuevas generaciones.

Eso no pertenece a un partido.

Pertenece a la comunidad.

Necesitamos una organización que trascienda las elecciones

Aquí está probablemente el desafío más importante.

Los dominicanos del exterior necesitamos construir espacios de participación que funcionenentre elección y elección.

Una organización plural, democrática y transparente que pueda dialogar con el Gobierno, el Congreso, los partidos políticos y las instituciones públicas.

No para sustituir a los partidos.

Tampoco para crear otro partido político.

Sino para hacer algo que hoy hacemos muy poco:

organizar nuestra capacidad de negociación.

El sector empresarial tiene organizaciones que hablan con el Estado.

Los trabajadores tienen sindicatos.

Los productores tienen asociaciones.

Los bancos tienen sus representantes.

Los empresarios tienen al CONEP y otras organizaciones.

¿Por qué los millones de dominicanos que viven fuera no podemos tener una estructura democrática que articule nuestras principales demandas?

El poder está en la organización

La diáspora tiene una enorme capacidad económica.

Tiene profesionales.

Tiene empresarios.

Tiene comerciantes.

Tiene dirigentes comunitarios.

Tiene académicos.

Tiene jóvenes.

Tiene medios de comunicación.

Tiene organizaciones culturales y religiosas.

Tiene experiencia política en los países donde reside.

Lo que falta es conectar esas capacidades.

Una comunidad dividida en cientos de pequeños grupos puede ser muy activa, pero difícilmente tendrá capacidad para modificar políticas públicas.

Una comunidad organizada puede convertirse en un actor político.

Y eso no significa necesariamente crear un nuevo partido.

Significa crear ciudadanía organizada.

También debemos participar donde vivimos

La participación política de la diáspora no debe limitarse a las elecciones dominicanas.

Los dominicanos que vivimos en Estados Unidos, España, Italia y otros países también debemos participar en las instituciones de las sociedades donde hemos construido nuestras vidas.

Ahí se decide buena parte de nuestro futuro.

Escuelas.

Municipios.

Congresos estatales.

Parlamentos.

Ayuntamientos.

Organizaciones comunitarias.

Instituciones empresariales.

La experiencia dominicana en Nueva York demuestra que cuando la comunidad se organiza y participa puede alcanzar posiciones importantes de representación.

Ese proceso debe continuar y extenderse.

Ser dominicano en el exterior no significa vivir políticamente mirando únicamente hacia Santo Domingo.

Significa también tener presencia donde vivimos.

Una nueva generación está esperando

Hay otro desafío que no podemos ignorar.

Nuestros hijos y nietos nacidos en el exterior están creciendo en sociedades diferentes a la nuestra.

No podemos asumir que mantendrán automáticamente el mismo vínculo con República Dominicana que tenemos quienes nacimos allí.

Ese vínculo debe construirse.

Y la política puede ayudar.

Educación sobre nuestra historia.

Programas culturales.

Intercambios.

Oportunidades de inversión.

Participación comunitaria.

Programas de liderazgo juvenil.

Relaciones con universidades y organizaciones profesionales.

Si queremos que las nuevas generaciones sean parte de la nación dominicana, debemos ofrecerles algo más que nostalgia.

Debemos ofrecerles participación y futuro.

El voto es solamente el comienzo

El voto de la diáspora fue un gran paso democrático.

Pero no puede ser el punto final.

Votar es escoger representantes.

El verdadero poder ciudadano comienza después de votar.

Comienza cuando exigimos rendición de cuentas.

Cuando preguntamos qué hicieron.

Cuando evaluamos sus resultados.

Cuando proponemos leyes.

Cuando organizamos nuestras comunidades.

Cuando construimos una agenda común.

Cuando dejamos de esperar que otros definan nuestras prioridades.

La diáspora dominicana ya tiene los números.

Tiene recursos.

Tiene experiencia.

Tiene talento.

Tiene presencia internacional.

Lo que todavía necesita es convertir todo eso enorganización política y ciudadanía activa.

Porque si cada cuatro años somos suficientemente importantes para que todos quieran nuestro voto, entonces debemos ser suficientemente importantes durante los cuatro años siguientes para exigir que ese voto sea respetado.

El voto de la diáspora no debe ser solamente una papeleta.

Debe convertirse en una herramienta de participación, fiscalización y transformación.

Y para eso necesitamos algo que ningún gobierno puede regalarnos:

Organización 
Luis Castillo
Luis Castillo
Luis Castillo: es consultor comercial con más de 25 años de experiencia en ventas, mercadeo y desarrollo de negocios. Reside en Massachusetts, Estados Unidos, y escribe artículos de opinión sobre economía, políticas públicas, desarrollo, democracia y el papel de la diáspora dominicana. Sus análisis buscan promover el debate informado y aportar propuestas que contribuyan al fortalecimiento institucional y al desarrollo de la República Dominicana.

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