Moscú.- El déficit de gasolina en Rusia, provocado por los ataques ucranianos contra las refinerías rusas, ha disparado el número de remodelaciones de automóviles para su explotación con gas natural licuado (GNL), elevando en más del 30 % la demanda de este equipamiento respecto a los niveles previos a la crisis, señaló este domingo el periódico ruso Kommersant.
Además, el precio de la instalación de este equipamiento ha crecido entre un 10 y un 20 %. Se trata de una opción asequible para los rusos, que en la actualidad cuentan con una amplia red de estaciones de gas licuado a lo largo del país.
Se trata fundamentalmente de gas propano, que resulta más atractivo para los automóviles ligeros debido a su rentabilidad -poco más de la mitad del costo de la gasolina de 92 octanos y un consumo un 10 % menor- en comparación con el butano, cuyo equipamiento es mucho más caro y dispone de menos estaciones de repostaje.
Según expertos, el GNL es una alternativa aceptable para el transporte y «la normalización de la situación con los combustibles tradicionales no debe detener el trabajo sistemático para aprovechar esta variante».
«Mientras más diversas sean las fuentes de combustible, menos probable será la repetición de la situación actual» de déficit de gasolina y diésel, apuntaron. Los ataques ucranianos contra las refinerías rusas pusieron en jaque a las distribuidoras de combustible y obligaron a las principales redes de gasolina a restringir la venta de combustible y prohibir la expedición en garrafas.
En junio y julio pasados, en muchas gasolineras se observaron grandes colas y un alza de los precios, situación que generó gran malestar entre la población rusa. Según pudo constatar EFE, la instalación de un sistema de GNL en un automóvil cuesta alrededor de 90.000 rublos (1.100 dólares) y se efectúa en un solo día, pero después requiere de toda una serie de incómodos trámites burocráticos con la policía para legalizar los cambios en el automóvil.




