Reforma policial

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Policía del siglo XXI no se hace con ideas del siglo XX

Las declaraciones de Sigfrido Pared Pérez sobre la reforma policial merecen ser debatidas con seriedad, precisamente porque no vienen de un ciudadano cualquiera. Hablamos de un exministro de Defensa y exdirector del DNI, un hombre que estuvo durante décadas en el corazón del aparato de seguridad del Estado.

Y por esa misma razón, su análisis resulta desafortunado, desenfocado y poco serio.

Pared Pérez ha cuestionado que se prioricen títulos académicos civiles en la conducción de la reforma, como si formar a un policía en una universidad fuera un lujo innecesario. Esa visión confunde disciplina con profesionalismo y reduce la función policial a saber marchar, obedecer y disparar.

Nadie pretende que un raso deba ser abogado para patrullar un barrio. Pero de ahí a presentar la profesionalización académica como un problema hay un abismo. Es la diferencia entre la policía que tuvimos y la policía que necesitamos.

Un policía del siglo XXI no solo necesita saber usar un arma, detener o perseguir. Necesita saber cuándo usar la fuerza y cuándo no usarla. Cómo intervenir en una riña sin convertirla en una tragedia. Cómo preservar una escena, cómo hablarle a una comunidad que le teme, cómo tratar a una víctima, cómo actuar frente a una crisis de salud mental y cómo no convertirse él mismo en una fuente de violencia.

Eso no se aprende solo con entrenamiento militar.

La reforma que él critica plantea exactamente lo contrario a su caricatura: derechos humanos, prevención, investigación criminal, proximidad comunitaria, uso proporcional de la fuerza y entrenamiento táctico-operativo. No es universidad contra policía. Es universidad más policía.

La pregunta no es si queremos policías con títulos o policías con carácter. Queremos las dos cosas. Disciplina, condición física y capacidad de reacción, pero también criterio, inteligencia emocional, conocimiento de la ley, ética y autocontrol.

Y para eso hay que cambiar el perfil de quien entra. No podemos construir una policía democrática reclutando por desempleo, sin vocación de servicio, sin estabilidad emocional ni filtros éticos rigurosos. Ser policía no puede ser conseguir un empleo. Tiene que volver a ser una profesión.

Por eso el acuerdo con 13 universidades, la creación del bachillerato en seguridad y el nuevo perfil del egresado no son un capricho académico. Son la base de una policía profesional.

Decir que aprender de otros países es un error es otro desenfoque. República Dominicana no tiene que copiar el modelo colombiano, chileno o español. Pero negarse a estudiar lo que el mundo ya aprendió sobre reforma policial no es soberanía, es aislamiento. Copiar sería un error. Aprender no lo es.

Con todo respeto al almirante, su experiencia está anclada en la lógica de la seguridad del Estado y de la inteligencia militar, no en la lógica de la seguridad ciudadana democrática. Y confundir ambas fue parte del problema. Si esa experiencia acumulada durante décadas hubiera sido suficiente, no estaríamos hoy discutiendo una reforma integral.

Reformar no es despreciar a los hombres y mujeres valiosos que ha tenido la Policía. Es reconocer lo que funcionó, admitir lo que fracasó y atreverse a construir algo mejor.

Podemos cuestionar si la reforma avanza rápido, si faltan estadísticas, mejores salarios o controles internos más fuertes. Debemos hacerlo.

Pero presentar la formación académica del policía como una amenaza es enviar el mensaje equivocado al país.

Necesitamos una policía del siglo XXI con gente del siglo XXI. Una policía que sea fuerte frente al crimen y respetuosa frente al ciudadano. Con autoridad, pero no autoritaria. Que entienda que el uniforme no da poder personal, da responsabilidad pública.

Luis Castillo
Luis Castillo
Luis Castillo: es consultor comercial con más de 25 años de experiencia en ventas, mercadeo y desarrollo de negocios. Reside en Massachusetts, Estados Unidos, y escribe artículos de opinión sobre economía, políticas públicas, desarrollo, democracia y el papel de la diáspora dominicana. Sus análisis buscan promover el debate informado y aportar propuestas que contribuyan al fortalecimiento institucional y al desarrollo de la República Dominicana.

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