Nueva York.- De acuerdo con un reporte de la Contraloría de la ciudad de Nueva York, la metrópolis es la que más sufre el vendaval inflacionario de todo el país.
Para una gran mayoría de los residentes hispanos y afroamericanos de Nueva York, la capacidad de cubrir sus necesidades básicas, e incluso la supervivencia “de cheque en cheque” sin posibilidad de ahorro, se ha visto gravemente comprometida.
Diversos análisis económicos confirman que la clase trabajadora en Nueva York ha soportado el impacto más severo de la inflación a nivel nacional.
Estudios recientes revelan que para las comunidades hispanas, completar una dieta adecuada es particularmente difícil. Hasta cuatro de cada cinco hispanos han recurrido al endeudamiento con tarjetas de crédito u otros medios para adquirir alimentos.
“Simplemente no se puede comer como antes,” afirmó Eva Feliz, una residente dominicana con 12 años en el Alto Manhattan. “Especialmente cuando el alquiler y el transporte también aumentan. Ninguna persona con un salario mínimo puede mantener su dieta habitual, obligándote a usar tarjetas de crédito que antes eran para viajar.”
La situación descrita por la señora Feliz se refleja en un nuevo informe de la organización No Kid Hungry Nueva York, publicado esta semana. El estudio revela que en el último año, el 67% de los neoyorquinos se vieron obligados a elegir entre adquirir alimentos suficientes y cubrir otras necesidades esenciales como el alquiler, hipoteca, servicios públicos o transporte.
Estas conclusiones provienen de una encuesta realizada el pasado mes de febrero.
Adicionalmente, el 52% de los residentes de Nueva York han acumulado deudas adicionales en los últimos 12 meses a causa del incremento en el costo de los alimentos. La mayoría de los habitantes de la ciudad reporta afectaciones en su salud física (54%), salud mental (60%) y conexiones sociales (53%) debido a la dificultad para adquirir una cesta básica de alimentos.
Estudios comparativos indican que, con variaciones por vecindario y establecimiento, el precio de alimentos básicos como huevos, café y carne ha aumentado entre el 30% y más del 100% en algunos casos en Nueva York desde el año 2019.
Un informe de la Contraloría de Nueva York detalla que entre el periodo 2012-13 y 2022-23, los precios de los alimentos experimentaron un incremento del 56.2%, superando el aumento nacional del 46.4%. Este alza se aceleró durante y después de la pandemia, alcanzando un pico del 9% entre 2021 y 2022, el mayor aumento en 40 años.
En el último año, el acelerado encarecimiento de varios productos alimentarios está impactando con mayor severidad a las comunidades de color. Las proyecciones son alarmantes si se materializan los cambios en la financiación federal de programas como los cupones de alimentos SNAP.
La crisis de inseguridad alimentaria afecta desproporcionadamente a las familias de color: el 87% de las familias negras y el 84% de las familias latinas reportan haber tenido que priorizar entre alimentos nutritivos y gastos básicos del hogar, en comparación con el 74% del total de residentes de la Gran Manzana.
El 72% de las familias negras y el 67% de las latinas han contraído más deudas a causa del costo de los alimentos, frente al 57% de otros grupos étnicos.
En el caso de las familias latinas con hijos, la proporción es aún más alta: más del 84% de estas familias en Nueva York afirman haber hecho sacrificios considerables entre el pago de alimentos y los gastos esenciales del hogar.
Globalmente, el 74% de los neoyorquinos han reportado que su situación financiera se ha visto afectada en el último año debido al elevado costo de los alimentos.
Los nuevos lineamientos federales impactan a los denominados Adultos sin Dependientes Aptos para el Trabajo (ABAWD). Tras el fin de una exención estatal prolongada, ciertos beneficiarios de entre 18 y 64 años sin hijos menores de 14 años deberán cumplir con requisitos de empleo o actividades equivalentes para continuar recibiendo beneficios más allá de tres meses en un periodo de tres años.
Aunque las normativas contemplan excepciones para personas embarazadas, cuidadores de dependientes o individuos con discapacidades, la preocupación es que muchas más personas podrían perder este beneficio esencial para su alimentación.
La preocupación es particularmente aguda para los hogares latinos, donde uno de cada cuatro niños vive en situación de inseguridad alimentaria.
Estos hallazgos se hacen públicos mientras el comité de agricultura de la Cámara de Representantes de Estados Unidos se apresta a presentar la ley agrícola, una oportunidad crucial para revertir recortes multimillonarios en la financiación federal del programa SNAP.
“Ningún niño debería pasar hambre en nuestro estado”, afirmó Rachel Sabella, directora de No Kid Hungry New York. “Los neoyorquinos coinciden abrumadoramente en la necesidad de programas sólidos de ayuda alimentaria y acciones bipartidistas para asegurar que cada niño tenga la nutrición necesaria para aprender, crecer y prosperar.”
Ante estas potenciales amenazas, el 62% de los neoyorquinos se opone a los recortes en la asistencia alimentaria federal, y un 52% de ellos manifiesta una fuerte oposición a esta posibilidad.




