Santo Domingo.– Cada año, durante la Semana Santa, millones de cristianos observan la tradición de abstenerse del consumo de carne roja, particularmente el Viernes Santo, en un acto de respeto y recogimiento espiritual.
Esta práctica, con profundas raíces en la Iglesia Católica, forma parte de las costumbres de ayuno y abstinencia que caracterizan el periodo de la Cuaresma y se intensifican durante la Semana Santa. El Viernes Santo, día dedicado a la conmemoración de la crucifixión y muerte de Jesucristo, es considerado una fecha de solemnidad y luto, que invita a los fieles a un profundo examen de conciencia y sacrificio.
Según la doctrina católica, la carne roja ha sido históricamente asociada con el lujo, la celebración y la opulencia, elementos que se contraponen al espíritu de duelo y reflexión que se busca fomentar en un día tan significativo. En lugar de esta, la tradición sugiere optar por alimentos más modestos y sencillos, como pescados, mariscos, legumbres y vegetales, que simbolizan la sobriedad.
Más allá de su origen estrictamente religioso, esta costumbre ha trascendido para arraigarse firmemente como una tradición cultural en numerosos hogares dominicanos, extendiéndose incluso a individuos que no son practicantes asiduos. Tal es el caso de Doña Julia Méndez, residente del sector de Villa Juana en Santo Domingo, quien afirma: “En mi casa siempre se prepara bacalao, pescado o habichuelas con dulce el Viernes Santo, es una tradición que hemos mantenido desde mis abuelos”.
La rica gastronomía dominicana ha sabido adaptarse a esta observancia, desarrollando una variada oferta de platos tradicionales y deliciosos aptos para estos días. Entre ellos se destacan el moro de guandules, el bacalao guisado, la berenjena guisada, diversas sopas de pescado y los emblemáticos postres como las habichuelas con dulce y la jalea de batata.
En su esencia, el acto de abstenerse de carne roja el Viernes Santo va más allá de una simple regla alimentaria. Se concibe como una invitación a la sobriedad, al sacrificio personal y a la empatía, valores que constituyen pilares del mensaje cristiano. Es un llamado a la rememoración del significado de la Pascua y a vivirla con respeto, oración y un renovado sentido de solidaridad.




