REPÚBLICA DOMINICANA.-
Se cumple más de un año desde la desaparición de Roldany Calderón, un niño de tres años, quien fue visto por última vez la tarde del 30 de marzo de 2025, mientras jugaba en el patio de una casa en Los Tablones, distrito municipal Manabao, Jarabacoa. El incidente ha sumido a la comunidad en un prolongado misterio, y su ausencia ha generado una profunda incertidumbre y angustia en su familia.
Desde el inicio, familiares y vecinos iniciaron búsquedas voluntarias, mientras que la Policía Nacional, la Defensa Civil y el Ejército Dominicano activaron un vasto operativo, utilizando drones y perros rastreadores en cada rincón de la zona. Las investigaciones incluyeron la inspección de senderos, ríos y zonas de difícil acceso, el análisis de cámaras de seguridad y entrevistas a posibles testigos. No obstante, no se obtuvo ninguna pista concluyente sobre su paradero, lo que ha exacerbado la preocupación de sus allegados.
En un caso similar, la provincia de Puerto Plata registra la desaparición de Brianna Genao, también de tres años, ocurrida el 31 de diciembre de 2025 en Barrero, municipio Imbert.
Desde su desaparición, las autoridades desplegaron intensos operativos de búsqueda, incluyendo drones y perros especializados. El 8 de enero de 2026, dos familiares fueron detenidos tras una alegada confesión, pero posteriormente liberados el 10 de enero al expirar el plazo constitucional sin que se presentaran cargos formales. Este desarrollo agudizó la incertidumbre de la familia.
El 19 de enero de 2026, la Organización Internacional de Policía Criminal (INTERPOL) emitió una alerta amarilla internacional para Brianna, coordinando la búsqueda con sus 195 países miembros. Asimismo, el Buró Federal de Investigaciones (FBI), que había brindado colaboración técnica y analítica desde el 12 de enero, confirmó que continuaría apoyando el caso, aunque sin labores de campo. A pesar de estas acciones, no se ha hallado evidencia concluyente sobre su paradero.
El impacto psicológico de la desaparición de un menor es, según el psicólogo Julio Sánchez Medina, especialista en trauma familiar, «profundo y prolongado». El experto describe que las familias atraviesan un «duelo ambiguo«, caracterizado por un sufrimiento activo ante la incertidumbre sobre el destino del ser querido. Esta situación provoca ansiedad constante, pensamientos intrusivos y un estrés emocional que persiste a lo largo del tiempo.
Sánchez Medina enfatiza que «la ausencia prolongada sin certezas produce una herida que nunca termina de cerrarse; la familia vive en un estado de espera permanente, donde la esperanza y la desesperación conviven de manera simultánea».
La falta de noticias reaviva periódicamente el dolor, impidiendo un proceso de duelo convencional. El psicólogo subraya la importancia del acompañamiento psicológico y el apoyo comunitario para que los padres puedan manejar la incertidumbre y mantener la esperanza.
La madre de Brianna manifestó su fe y dolor el 21 de marzo de 2026, a través de una publicación en Instagram:
“Levanto mis ojos hacia Ti, porque sé que en Ti hay esperanza. Cuando siento que las fuerzas se me acaban, recuérdame que tus promesas siguen firmes y que tu amor nunca falla… Aunque hoy no entienda, decido esperar en Ti con fe. Amén.”
Este mensaje subraya la resiliencia de las familias que, ante la incertidumbre, mantienen la esperanza mientras perseveran en la búsqueda de respuestas.
Mientras las investigaciones continúan, la sociedad permanece expectante. Cada operativo, alerta y muestra de solidaridad renueva la esperanza de encontrar a los menores. Los casos de Roldany y Brianna son un doloroso recordatorio de que la incertidumbre y el sufrimiento de no conocer el destino de un ser querido exigen apoyo, acompañamiento y una acción constante, y que la búsqueda de respuestas no debe cesar.


