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Por: Anulfo Vargas Vásquez
Nueva York.- En el corazón del Upper West Side de Manhattan, en la esquina de Amsterdam Avenue y la calle 97, se levanta un edificio que ha sido testigo de más de un siglo de historia urbana, educativa y comunitaria: la antigua escuela de Holy Name. Este inmueble forma parte del legado de la parroquia Church of the Holy Name of Jesus, una institución católica fundada en 1868, cuando el área aún era conocida como Bloomingdale.
A comienzos del siglo XX, la creciente población del vecindario impulsó la necesidad de crear un espacio educativo para los hijos de las familias inmigrantes que se asentaban en la zona. Fue así como, en 1902, la parroquia inició una campaña para recaudar fondos destinados a la construcción de una escuela. Dos años más tarde, el 16 de octubre de 1904, se colocó la primera piedra del edificio, marcando el inicio de una obra significativa tanto en lo arquitectónico como en lo social.
La escuela fue inaugurada en 1905, tras una inversión cercana a los 200,000 dólares, una suma considerable para la época. Desde sus inicios, la institución fue administrada por las Hermanas de la Caridad (Sisters of Charity), quienes se encargaron de la educación de generaciones de niños del vecindario. El edificio, de cuatro pisos, presenta una sólida estructura de ladrillo gris con detalles en piedra, reflejando el estilo sobrio y funcional de las construcciones educativas de principios del siglo XX.
Durante décadas, Holy Name School funcionó como una escuela católica primaria y secundaria, desempeñando un papel central en la vida de la comunidad. En sus aulas se formaron hijos de inmigrantes, primero predominantemente irlandeses y más tarde de origen latino, a medida que el perfil demográfico del barrio fue cambiando.
A lo largo del siglo XX, especialmente durante las décadas de 1950 y 1960, el entorno urbano sufrió transformaciones importantes debido a proyectos de renovación que alteraron la composición social del área. A pesar de estos cambios, la escuela continuó siendo un punto de referencia para la educación y la vida parroquial.
Con el paso del tiempo, el edificio dejó de funcionar exclusivamente como escuela parroquial y fue ocupado por diversas instituciones educativas, entre ellas Essex Day School, De La Salle Academy y Windward School. Estas transiciones reflejan tanto la evolución del sistema educativo como las nuevas necesidades de la comunidad.
Hoy, sin embargo, la historia del edificio entra en una etapa profundamente emotiva. La noticia de su demolición para dar paso a un nuevo complejo habitacional ha despertado un sentimiento de nostalgia muy fuerte en la familia extendida de Holy Name: exalumnos, padres y vecinos que vivieron parte de su vida entre sus paredes.
En lo personal, este lugar guarda recuerdos imborrables. En numerosas ocasiones acudí allí a recoger a nuestros hijos, María, Anibel, y Albert quienes asistieron desde el primer nivel escolar hasta el octavo curso. Durante unos quince años fui testigo directo de tantas vivencias que marcaron sus inicios en la formación educativa y humana. Cada entrada y salida del edificio, cada encuentro con otros padres, cada actividad escolar, forman parte de una memoria que hoy cobra un valor aún más profundo.
También permanece vivo el recuerdo de figuras importantes de aquella época, como el director de entonces, Brother Richard, su asistente Ms. Robinson, los profesores entre ellos Ms. Walters, Ms. Parker, Ms. Taylor. Ms. Walsh, cuya presencia dejó huella en la comunidad educativa. Su liderazgo y dedicación representan el espíritu que durante décadas definió a Holy Name.
Así, más allá de su arquitectura, el edificio de la escuela Holy Name permanece como un símbolo de comunidad, educación y pertenencia. Aunque su estructura física desaparezca, su historia seguirá viva en la memoria de todos los que formaron parte de ella.


