LIMA.– Perú se prepara para una jornada electoral decisiva este domingo, inmerso en una profunda crisis política que se prolonga desde el año 2016. Un escenario de alta fragmentación política y la ausencia de consensos claros caracterizan estos comicios, sin una salida evidente a la inestabilidad. Más de 27,3 millones de ciudadanos están convocados a las urnas para elegir entre 35 candidatos presidenciales, en un proceso que subraya la volatilidad institucional del país sudamericano.
Las encuestas recientes revelan una elección impredecible, con ningún aspirante superando el 14 % de intención de voto. Este nivel de dispersión evidencia un electorado profundamente dividido y desencantado, donde una porción significativa podría definir su sufragio en el último momento. La complejidad se acentúa con la celebración de cinco elecciones simultáneas: presidente, senadores nacionales, senadores regionales, diputados y representantes del Parlamento Andino. Este contexto contribuye a la percepción de confusión y desconfianza hacia el sistema político.
La inseguridad ciudadana ha emergido como la principal preocupación, dominando la agenda electoral y propiciando propuestas controvertidas que incluyen medidas drásticas en materia de justicia y derechos humanos.
Entre los aspirantes a la presidencia, destaca Keiko Fujimori, quien busca el cargo por cuarta vez, con un discurso centrado en el “orden”, que evoca el gobierno de su padre. Paralelamente, el exalcalde Ricardo Belmont ha ganado fuerza, capitalizando el descontento popular con un mensaje que mezcla elementos conservadores y sociales. El comediante Carlos Álvarez también ha trasladado su popularidad televisiva al ámbito político, mientras que Rafael López Aliaga busca consolidar el voto de derecha con un perfil conservador y religioso. Por la izquierda, Roberto Sánchez representa la continuidad del proyecto político del expresidente Pedro Castillo, cuya destitución y encarcelamiento continúan generando profundas divisiones en la sociedad peruana.
El actual proceso electoral se desarrolla bajo la sombra de las protestas que, tras la reciente crisis política, dejaron más de 50 fallecidos, un episodio que aún impacta la percepción ciudadana sobre las autoridades y el sistema.
Otro elemento clave de estas elecciones es la reconfiguración del Congreso, que retomará un sistema bicameral. Esta decisión se implementa pese a que, en el año 2018, la población rechazó la medida en un referéndum. En esta jornada, los ciudadanos deberán elegir a 60 senadores, 130 diputados y 5 representantes al Parlamento Andino.
Este cambio institucional añade una nueva capa de complejidad a un proceso ya marcado por la incertidumbre. El desenlace no solo definirá al próximo presidente, sino también el equilibrio de poder en un país que, según analistas, urge de estabilidad. El resultado final podría marcar un punto de inflexión para Perú, aunque el panorama, por ahora, se mantiene abierto y sin una dirección clara.


