Santo Domingo.- Para hacer frente a la severa contaminación que afecta el cuerpo acuífero de la presa de Hatillo, ubicada en Cotuí, provincia Sánchez Ramírez, y que repercute directamente en la salud humana, expertos plantean la necesidad de implementar un plan integral de restauración. Este plan incluye la recuperación de las cuencas altas y la promoción de prácticas agrícolas sostenibles, todas ellas bajo una planificación clara con responsabilidades definidas a corto, mediano y largo plazo.
Entre las medidas sugeridas, se destaca la creación de cultivos de plantas biorremediadoras, capaces de absorber metales pesados y purificar los ríos. Asimismo, se propone un programa de repoblación de jaibas en las cuencas y cuerpos acuíferos que abastecen la presa, así como en sus riberas.
Juan Fulvio Ureña Acosta, ex viceministro de Suelos y Aguas del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales, enfatizó que “Las jaibas son limpiadoras por excelencia, además remueven el suelo permitiendo más penetración de oxígeno”. El ingeniero agrónomo describe estas iniciativas como una solución holística que demanda una gran responsabilidad y compromiso por parte de todos los actores involucrados, tanto públicos como privados, para la biorremediación de este crucial embalse que cumple funciones de control de inundaciones y garantía de riego.
Ureña Acosta subrayó que los estudios de investigación realizados en el lago de la presa son concluyentes, identificando a la Cianobacteria Microcysti sp como la principal responsable del color verdoso observado. Estas algas microscópicas, activadas por la luz solar, realizan fotosíntesis y se multiplican exponencialmente en poco tiempo, generando “explosiones de algas” cuando las condiciones ambientales son óptimas.
“Estas especies producen un compuesto tóxico llamado microcistina que puede afectar los ojos, la piel y el estómago de humanos y animales”, explicó el experto. Añadió que las proliferaciones masivas conducen a la eutrofización (un exceso de nutrientes), lo que provoca una drástica disminución del oxígeno disuelto en el agua.
Como ejemplo, Ureña indicó que los peces necesitan aproximadamente 3 mililitros por litro de agua en condiciones óptimas, mientras que en cuerpos de agua altamente contaminados, este nivel puede descender a menos de 1 mililitro por litro, causando la muerte masiva de la fauna acuática. Además, la descomposición de estas algas puede generar derivados de azufre como el sulfuro de hidrógeno (H2S), conocido por su olor pestilente, similar al de huevos podridos.
El ex viceministro señaló que estas algas están presentes en todos los cuerpos de agua superficiales y son transportadas por las lluvias y vientos fuertes. Su característica más notable es su oportunismo, reproduciéndose con asombrosa celeridad tan pronto encuentran las condiciones ideales.
Entre las condiciones propicias para la proliferación de estas algas, se destacan las altas temperaturas superficiales en los cuerpos acuíferos, el bajo movimiento del agua, la abundante exposición solar, la contaminación antrópica y los cambios físico-químicos naturales.
“Podemos resaltar la degradación de los suelos, la destrucción de la cobertura arbórea de las cuencas altas, malas prácticas agrícolas, la destrucción de las especies nativas, alta presión humana en las fuentes acuíferas tributarias, entre otras tantas que pudieran sumarse a la lista”, detalló Ureña Acosta. Catalogó la aparición de estas algas en cuerpos de agua como un fenómeno cíclico, directamente relacionado con las condiciones necesarias para su desarrollo.
Ureña Acosta explicó que la situación actual en la cuenca hidrográfica que converge en el lago de Hatillo es resultado de una combinación de factores. En primer lugar, un verano con temperaturas que superaron los máximos históricos y luego se dieron dos precipitaciones intensas y cercanas en la cuenca de Tireo, con volúmenes de milímetros comparables a eventos que ocurren una vez cada 50 años. Esto provocó el arrastre de millones de toneladas de suelos fértiles.
Asimismo, el experto citó las grandes cantidades de fertilizantes utilizados en la agricultura intensiva de Tireo, lo que se asocia directamente con diversas actividades humanas que favorecen la proliferación de las algas.
Investigadores y ambientalistas han documentado la presencia en el embalse de químicos como metales pesados cancerígenos, provenientes de la actividad minera; un exceso de fertilizantes agrícolas, y bacterias como Escherichia coli (E. coli), indicativas de contaminación por heces fecales humanas.
La Academia de Ciencias de la República Dominicana ha denunciado consistentemente la contaminación de este cuerpo de agua, del cual dependen varios acueductos fundamentales para la región.




