Derrumbe del Jet Set: Un Año Después, Familias Dominicanas Exigen Justicia por 236 Víctimas

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Santo Domingo, República Dominicana.– La conversación final, un simple «Sí, está bien, mami», fue el último mensaje que Marilin Vargas, de 63 años, recibió de su hija menor, Lorraine. Este intercambio digital se ha convertido en un símbolo de la exigencia de justicia que un grupo de familias mantiene ante el Palacio de Justicia de Santo Domingo, donde se desarrollan las vistas preliminares de un caso que conmociona a la nación dominicana.

Hace poco más de un año, entre la noche del 7 y el 8 de abril de 2025, Lorraine celebraba su 38 cumpleaños con tres amigos en Jet Set, una emblemática discoteca que por tres décadas fue un referente de la vida nocturna en la capital. Mientras Rubby Pérez, «la voz más alta del merengue», interpretaba una de sus canciones más conocidas, el techo del establecimiento colapsó.

Cientos de toneladas de hierro y hormigón cayeron sobre los asistentes, resultando en un balance trágico de 236 muertos. La catástrofe cobró vidas sin distinción, desde profesionales como Lorraine, médica internista, hasta figuras públicas como el propio Rubby Pérez, los exestrellas de béisbol Octavio Dotel y Tony Blanco, y miembros de influyentes familias de la República Dominicana. Más de 180 personas resultaron heridas, algunas con secuelas permanentes, y al menos 174 menores quedaron huérfanos, 34 de ellos perdiendo a ambos padres.

Un año después del suceso, el país busca comprender las causas del derrumbe y si se hará justicia. Frente a los tribunales, el dolor de los familiares de las víctimas se mezcla con la expectativa de una respuesta judicial acorde a la magnitud de la tragedia. Entre los presentes en la audiencia del 27 de abril, se encontraba Ana María Ramírez, odontóloga de 40 años, quien sobrevivió al colapso. Con lágrimas, rememoró las horas que pasó bajo los escombros aferrada a la mano de una amiga, la pérdida de otra y las graves secuelas físicas que padece desde entonces.

La tragedia del Jet Set fue el desenlace de una noche de celebración que devino en la mayor catástrofe humana del siglo en República Dominicana. Los «lunes de merengue» en el Jet Set, con artistas de renombre en el escenario, eran un clásico de la vida nocturna de Santo Domingo. El edificio, inaugurado como cine en los años 70, fue transformado en discoteca en los 90. El local trascendía edades y estratos sociales, siendo un punto de encuentro para gran parte de los dominicanos.

La sala de fiestas era propiedad de los hermanos Antonio y Maribel Espaillat. Antonio Espaillat es un reconocido empresario, dueño de un prominente grupo de medios de comunicación, RCC Media, que controla una significativa porción de las emisoras de radio en República Dominicana, además de empresas de publicidad exterior y otros locales de ocio. Maribel Espaillat era la directora operativa del Jet Set. Según la periodista de investigación Camila García Durán, los hermanos Espaillat son figuras conocidas con un sólido respaldo económico.

García Durán ha dedicado más de un año a reconstruir los acontecimientos de aquella noche, basándose en testimonios, documentos y pruebas que, en algunos casos, no fueron inicialmente facilitados a las víctimas ni a sus representantes legales. La investigación revela que el mismo día del derrumbe, 7 de abril de 2025, hubo incidentes relacionados con el techo del local, pero aun así, el Jet Set abrió sus puertas.

Lorraine había decidido continuar su festejo de cumpleaños en el Jet Set tras una cena previa. Ana María Ramírez llegó a la discoteca alrededor de las 22:15 con dos amigas, encontrando el lugar aún relativamente vacío. A medida que la noche avanzaba, un primer incidente alarmante ocurrió: fragmentos de concreto y yeso cayeron sobre el hombro de un cliente, quien fue atendido por el personal. Ana María presenció el suceso, describiéndolo como la caída de un «cuadrito de plafón» al que no le dio mayor importancia en ese momento. Minutos después, comenzó el concierto de merengue.

Testimonios y pruebas indican que los problemas estructurales del techo no eran recientes. Filtraciones de agua y desprendimientos eran recurrentes desde hacía años, abordados con reparaciones superficiales que no resolvieron la fragilidad estructural del recinto. Gregory Adames, quien trabajó en Jet Set durante ocho años y fue hombre de confianza de los Espaillat, se ha convertido en testigo clave tras sobrevivir al derrumbe.

Adames afirmó que, desde su ingreso, el techo siempre tuvo problemas de filtración, acentuándose durante la pandemia, cuando «cada vez que llovía era un colador». Para mitigar las filtraciones, se colocaban lonas plásticas sobre los plafones para acumular y drenar el agua «antes de cada actividad». En los días previos al colapso, según Adames, «empezaron a darse una serie de acontecimientos: a los plafones de yeso les caían constantemente pedazos del concreto del techo, que los rompían hacia abajo», incluyendo un incidente con clientes una semana antes.

Adames asegura haber advertido a los Espaillat en múltiples ocasiones sobre la gravedad de los problemas del techo, respaldado por mensajes guardados en su teléfono celular. La respuesta, lamenta, siempre fue «se va a resolver» o «va Manuel, el de mantenimiento», sin que se tomaran medidas efectivas. La periodista Camila García Durán reveló materiales de la investigación del Ministerio Público, incluyendo mensajes entre los hermanos Espaillat horas antes del derrumbe.

En un intercambio de WhatsApp, Maribel informó a su hermano Antonio que un plafón había caído sobre un cliente. La respuesta de Antonio Espaillat, quien se encontraba fuera del país, fue «voy a cambiar la mayoría», refiriéndose a los plafones. A esto, la directora operativa replicó: «Sí, pero es el techo que está desbaratado». Este diálogo constituye una de las principales pruebas de los abogados de las víctimas para demostrar la culpabilidad de los propietarios.

Gregory Adames, quien sufre un profundo trauma por la tragedia, recordó entre lágrimas haber solicitado a Maribel Espaillat cancelar el concierto de Rubby Pérez horas antes del evento. Sin embargo, la respuesta fue: «esto no se puede suspender, porque esta fiesta es buena y la que viene es una fecha buena también». Con el merenguero ya en el escenario, las señales de peligro persistieron.

Ana María Ramírez detalló los momentos previos a la catástrofe: «Luego cae un segundo pedazo, más grande, cae una lona azul y empieza a caer agua y arenilla. Cuando yo veo eso digo, esto no es normal, y entonces le digo a mi amiga que me voy inmediatamente». No hubo tiempo. En cuestión de segundos, el techo se desplomó. Ana María vio caer parte del techo sobre ella, sintió un empujón, chocó con una mesa y cayó boca abajo, quedando aplastada de la cintura hacia abajo por un pedazo del techo y una varilla en su mano derecha.

Tras el silencio abrupto de la música, los gritos y el llanto llenaron el espacio sumido en el caos. Ana María descubrió que su amiga Mena seguía con vida a su lado. «Nos agarramos de la mano y empezamos a orar», relató, recordando las palabras de Mena sobre la posibilidad de morir allí y cómo, al calmar a su amiga, también logró calmarse a sí misma. Entre los atrapados se encontraba la gobernadora del municipio de Monte Cristi, Nelsy Cruz, quien logró contactar al presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, alertando a las autoridades.

El ministro de Obras Públicas, Eduardo Estrella, acudió al lugar, donde coordinó la respuesta institucional y enfrentó la trágica noticia de la muerte de su hijo y su nuera. Bomberos, policías, personal sanitario y voluntarios trabajaron contra reloj para rescatar sobrevivientes. Casi cuatro horas después, Ana María y Mena fueron rescatadas y hospitalizadas, pero su tercera amiga, Pierima, una venezolana de 39 años, falleció.

Lejos de Santo Domingo, Marilin Vargas, quien estaba de viaje, recibió la llamada de su sobrino en medio de la noche: «Tía, ha pasado algo horrible. Se cayó el techo del Jet Set, tu hija Lorraine estaba ahí. La llamamos por teléfono a sus dos teléfonos y no responde». Marilin describió el impacto físico y emocional de la noticia. Las operaciones de rescate continuaron, y el martes por la noche se encontró el cuerpo de Lorraine, confirmando la fatídica noticia a su madre horas después.

En junio de 2025, dos meses después del derrumbe, el Ministerio Público recibió el informe técnico preliminar. El peritaje, elaborado por ingenieros, concluyó que el techo no falló repentinamente, sino por años de sobrecarga progresiva y modificaciones que alteraron su diseño original. El edificio, construido en 1973 como cine, fue transformado en discoteca en 1994.

El informe detalla cómo la cubierta acumuló peso con la instalación de 17 elementos adicionales, como equipos de climatización, depósitos de agua y casetas técnicas. Las filtraciones resultantes de la progresiva deformación del techo fueron «solucionadas» con la adición de sucesivas capas de nivelación, o «finos», que alcanzaron un espesor de 37,5 centímetros. El ingeniero estructural Andrik Soto explicó que estas capas se añadieron «una y otra vez hasta que llegaron a siete capas» para evacuar el agua, contribuyendo al peso.

Además, intervenciones para ampliar el local agregaron más peso, incluyendo la eliminación de una de las 12 columnas estructurales para extender el escenario, reemplazándola por un soporte metálico a un metro de distancia. Andrik Soto comparó el colapso con galletas de soda que, al romperse, sueltan migajas. Las losas prefabricadas del techo cedieron, y los fragmentos que caían eran sostenidos por cables, pero al quebrar en serie, se produjo una fisura de falla, y cuando el primer cable se rompió, todo cayó en efecto dominó.

Sobre la causa del derrumbe en esa noche específica, Soto sugirió que el agua que penetraba las líneas de falla oxidaba la estructura. «Ese día estaba lloviendo y había una fiesta con vibraciones. El sonido tiene ondas como un terremoto y esas vibraciones, procedentes de las bocinas, fueron la última gota que derramó la copa», explicó.

Frente a la sala principal del Palacio de Justicia de Ciudad Nueva en Santo Domingo, periodistas, camarógrafos, activistas y familiares vestidos de rojo se congregan, reclamando la memoria de sus seres queridos. En la sala, fiscales, abogados, testigos y el juez participan en las audiencias preliminares para determinar si se abre juicio contra los hermanos Espaillat y qué cargos se les imputan.

La fiscalía les imputa homicidio involuntario, con una pena máxima de dos años de cárcel, bajo la premisa de que no hubo intención de causar las 236 muertes. Las familias y sus abogados, sin embargo, solicitan que se reconozca el homicidio voluntario con dolo eventual, argumentando que el derrumbe no fue un accidente, sino resultado de decisiones conscientes que pusieron vidas en riesgo.

El abogado Plinio Pina, quien representa a diez de las víctimas, explicó que en el homicidio involuntario, el responsable no tiene control sobre el suceso. En contraste, sostiene que el caso Jet Set encaja en el dolo eventual, donde «alguien tenía una obligación de seguridad y no falló pura y simplemente, sino que hizo cosas que pusieron toda la estructura en riesgo». La diferencia radica en el conocimiento previo del peligro: los Espaillat, según Pina, ignoraron advertencias sobre la posibilidad de una catástrofe y continuaron con la fiesta.

Aunque el dolo eventual no está tipificado como tal en el Código Penal dominicano, es reconocido por la jurisprudencia como una forma de intención dentro del homicidio voluntario, castigado con hasta 20 años de cárcel. Esta es la postura del Movimiento Justicia Jet Set, presidido por Ana María Ramírez y al que pertenece Marilin Vargas, que exige una respuesta penal que refleje la magnitud de la tragedia.

Por su parte, los acusados defienden que desconocían el mal estado de la cubierta y no imaginaban el peligro para sus clientes, tal como declaró Maribel Espaillat en la audiencia del pasado viernes 1 de mayo. El hecho de que Maribel sobreviviera y de que ambos hermanos frecuentaran el Jet Set es uno de los argumentos clave de la defensa para sostener la falta de conocimiento del riesgo estructural.

Los familiares han criticado la ausencia de los hermanos Espaillat en el lugar del siniestro durante las operaciones de rescate. También ha generado controversia el manejo de las consecuencias laborales y judiciales. Según testimonios recopilados por Camila García Durán, los empleados sobrevivientes del Jet Set (siete murieron en el derrumbe) fueron citados en las oficinas de RCC Media, donde firmaron acuerdos de confidencialidad para no divulgar información sobre lo ocurrido. Gregory Adames fue el único que se negó a firmar, convirtiéndose en una pieza central del caso al denunciar irregularidades y aportar pruebas de conocimiento previo.

En paralelo, la defensa de los Espaillat ha impulsado acuerdos económicos con familiares de las víctimas, que han oscilado entre 20.000 pesos (US$335) y 5 millones (US$84.000). García Durán también denunció tácticas cuestionables, como bonos a abogados querellantes para persuadir a sus clientes a aceptar 700.000 pesos (US$11.750). Esto ha generado división entre las familias, algunas optando por compensaciones y otras decididas a agotar la vía legal.

Inicialmente, el abogado Plinio Pina consideró el derrumbe un accidente, pero su perspectiva cambió tras escuchar a Gregory Adames. «Gregory nos comenzó a explicar el deterioro paulatino de la propiedad, cómo se fue agravando la situación hasta el punto de que se estaban cayendo los plafones, y que él hacía los informes y no le hacían caso», afirmó Pina. Este conocimiento previo, documentado en mensajes y grabaciones, es el eje de la acusación alternativa de las víctimas. «Aquí no se trataba de un simple accidente. Aquí había un homicidio», sentenció Pina.

El magistrado decidirá si se inicia un juicio y, fundamentalmente, si los Espaillat serán acusados de homicidio involuntario, como pide la fiscalía, o de homicidio voluntario por dolo eventual, como exigen los abogados de las víctimas. El Ministerio Público dominicano no respondió a la solicitud de entrevista de BBC Mundo.

Detrás del Jet Set se encuentra el apellido Espaillat, con décadas de influencia en la vida económica, política y mediática de República Dominicana. Una de las 32 provincias del país lleva el nombre de Espaillat en honor al 19º presidente, Ulises Francisco Espaillat Quiñones (1823–1878). Ahora, este apellido está vinculado a la tragedia a través de Antonio y Maribel Espaillat.

Antonio Espaillat es propietario de RCC Media, con cerca de 50 estaciones de radio, siendo el segundo radiodifusor más grande del país. También maneja negocios de publicidad exterior, y según Camila García Durán, compró una nueva compañía de carteles publicitarios por US$5,6 millones tres meses después del derrumbe. Maribel Espaillat era la responsable directa de la operación del Jet Set. Su abogado, Miguel Valerio, indicó que ni él ni sus representados ofrecerían declaraciones.

Los hermanos Espaillat han evitado pronunciarse públicamente, salvo en contadas ocasiones. En una entrevista televisiva dos semanas después del suceso, Antonio Espaillat, quien estaba en Las Vegas la noche del colapso, admitió problemas de filtraciones y rotura de plafones, pero negó haber autorizado reformas que comprometieran la estructura. Maribel Espaillat, quien sufrió heridas leves y se presentó como una víctima más ante el juez el 1 de mayo, aseguró que nunca imaginó el colapso del techo.

Tras el derrumbe, videos grabados con teléfonos móviles comenzaron a circular. Meses después, la periodista Camila García Durán obtuvo las grabaciones de las 16 cámaras de seguridad del local, que documentan los eventos desde horas antes hasta minutos después del colapso. Estas imágenes, que el Ministerio Público inicialmente entregó incompletas, muestran a empleados y clientes señalando el techo y a Gregory Adames conversando con Maribel Espaillat en el almacén, presuntamente pidiendo la cancelación del concierto.

Las cámaras registraron el momento en que la cubierta se precipitó, sepultando a artistas, espectadores y trabajadores. Los videos de los espacios laterales que seguían funcionando mostraron a individuos heridos y desorientados, incluyendo a Maribel Espaillat abandonando el local. Tras consultar con familiares de las víctimas, García Durán decidió publicar las imágenes (ocultando las partes más explícitas), que se volvieron virales y revelaron la existencia de pruebas clave. Adicionalmente, grabaciones de Gregory Adames previas al desplome, enviadas a los Espaillat, también corroboran las advertencias sobre el mal estado de la cubierta.

El derrumbe del Jet Set sumió a la República Dominicana en un profundo estado de conmoción. Camila García Durán describió al país «en silencio, con tanto dolor», algo inusual para una nación alegre. La tragedia trascendió lo judicial y mediático, inspirando debates y obras como el libro «Jet Set: La fiesta mortal» del periodista dominicano Diógenes Pina.

Ana María Ramírez piensa diariamente en sus amigas: Mena, quien sobrevivió, y Pierima, la venezolana de 39 años que perdió la vida. «Eso ha sido el dolor más grande para mí. Que muriera así, tan joven», lamentó Ana María, recordando a Pierima como una mujer «bella, alegre, carismática» y sustento de su familia. Su hijo, a quien había traído de Venezuela para estudiar arquitectura, tuvo que regresar a su país, uniéndose a los 174 niños y adolescentes huérfanos por la catástrofe.

Por su parte, Marilin Vargas revisa casi a diario las cuentas de Instagram y TikTok de su hija Lorraine, recordando a su «alma muy libre» y risueña. Desde el Palacio de Justicia, Marilin explica su constante presencia: «No vamos a recuperar nuestros seres queridos, pero nos da un poco de paz saber que los culpables van a pagar la pena».

Los familiares, periodistas y ciudadanos coinciden en que la justicia en el país no es equitativa y que el dinero y la influencia otorgan privilegios. Este caso, el más importante en décadas en República Dominicana, pondrá a prueba esas afirmaciones. A unos 15 minutos del Malecón, el edificio del Jet Set permanece con su entrada y tres de sus cuatro muros intactos. El lateral descubierto revela trabajos de remoción de escombros, presuntamente para un peritaje alternativo solicitado por los abogados de los Espaillat.

El perímetro del local está cercado, y un mural en recuerdo a las víctimas se erige frente a la que fue la entrada de la sala de fiestas. El enorme cartel promocional del concierto de Rubby Pérez del 7 de abril de 2025 aún preside el lugar, como un recordatorio congelado en el tiempo, de una noche que marcó irrevocablemente la vida de cientos de familias y de los más de 11 millones de dominicanos.

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