Expertos proponen pautas para la rehabilitación del histórico Teatro Agua y Luz

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Santo Domingo.- Reconocidos arquitectos urbanistas han enfatizado la importancia de preservar la esencia y la vocación histórica del Teatro Agua y Luz en su próxima fase de rehabilitación, destacando aspectos cruciales para su reincorporación como ícono cultural y urbano de Santo Domingo.

El anfiteatro, erigido en 1955 como parte de la «Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre» durante la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, fue concebido como un espacio de esplendor con aguas de colores y sonidos vanguardistas para su época. Sin embargo, con el paso de los años, su encanto original se ha deteriorado paulatinamente.

Franc Ortega, un arquitecto dominicano de prestigio internacional, egresado de la Universidad Nacional Pedro Henríquez Ureña (UNPHU) en 1984, subrayó que la nueva intervención debe «respetar la arquitectura existente, sin necesidad de imitarla. Ese es el reto».

Coincidiendo con Ortega, Cristóbal Valdez, con más de 40 años de experiencia en diseño arquitectónico, urbano y planificación, y Ángel Sosa, exdirector de la Escuela de Urbanismo de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), coincidieron en la necesidad de devolverle al teatro el esplendor que lo convirtió en un referente de la ciudad, dada su historia y vocación.

Valdez detalló que es fundamental considerar su rol pasado como centro de actividades artísticas, por donde transitaron artistas de la talla de Sandro de América, Frank Sinatra, Charles Aznavour, así como figuras nacionales como Casandra Damirón, Joseito Mateo, Jhonny Ventura y Cuco Valoy. «Debe hacerse un elemento importante para poder darle mayor impacto al Malecón. Hay que ver qué es lo que van a hacer, chequear la obra para ver su condición de deterioro y tener un núcleo de profesionales que realmente puedan decidir cómo lo van a regular», añadió.

Por su parte, el catedrático de la UASD, Ángel Sosa, enfatizó que el diseño del Teatro Agua y Luz, considerando su trayectoria y la posible programación centrada en música popular, debe responder a una multiplicidad de criterios: arquitectónicos, urbanos, acústicos, culturales y ambientales. «No se trata únicamente de rehabilitar un teatro, se trata de reconstruir un ecosistema cultural urbano», puntualizó Sosa.

Según Sosa, el espacio idealmente debería contar con un escenario flexible y contemporáneo, apto para albergar conciertos masivos, espectáculos de danza, festivales culturales, producciones audiovisuales y eventos educativos.

En el ámbito del diseño urbano, Sosa recomendó integrar el proyecto con el espacio público circundante. «No debe operar como un elemento arquitectónico aislado, sino conectar con paseos peatonales, ciclovías, áreas verdes, transporte público, espacios de permanencia y estacionamientos soterrados para no generar caos en el lugar», explicó, añadiendo la importancia de considerar su proximidad al mar e integrarlo a la imagen urbana costera.

Franc Ortega también respaldó la recuperación de la estructura y la celebración de un concurso para la selección del mejor proyecto. Subrayó la relevancia de que el jurado sea «experimentado, serio y diverso», incluyendo no solo arquitectos e ingenieros, sino también especialistas en operación, mantenimiento y rentabilidad.

Ortega concluyó que la sostenibilidad económica del proyecto es crucial para justificar la inversión, y que las bases del concurso deben establecer directrices claras de preservación. La integración con el entorno y la solución de estacionamientos sin impactar negativamente dicha integración son aspectos de vital importancia.

Históricamente, el teatro, originalmente nombrado «Agua y Luz Angelita Trujillo», fue construido por Trujillo tras un viaje a Barcelona, donde quedó fascinado por las fuentes luminosas del dictador Francisco Franco. En consecuencia, encargó al arquitecto Carles Büigas i Sans el diseño y ejecución de la fuente de Santo Domingo.

Registros históricos indican que las instalaciones contaban con 355 chorros de agua que «bailaban» al ritmo de valses, iluminados por cuatro mil bombillas de diversos colores, añadiendo vivacidad a los movimientos acuáticos.

El Teatro Agua y Luz fue edificado en conjunto con la Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre, evento diseñado para celebrar los 25 años en el poder del tirano Trujillo.

Para Ángel Sosa, el espacio rehabilitado debe manifestar un diseño moderno y universal, incorporando arquitectura sin barreras. En cuanto a la identidad dominicana, sugirió una fachada rítmica, texturas inspiradas en instrumentos locales y un uso contemporáneo del color. Su visión es que el teatro se convierta en un nodo cultural del Malecón, tejiendo lazos entre el paisaje, la memoria, la economía creativa y la vida urbana.

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