Dajabón, RD.- El calor de la Línea Noroeste golpea con la fuerza de un mazo. Camino por las arterias del mercado binacional de Dajabón, abriéndome paso entre un enjambre humano de mercaderes a pie, carretilleros, triciclos motorizados y mujeres que balancean poncheras sobre sus cabezas con destreza asombrosa.
En este vibrante rincón de la frontera, donde el aire pesa más de lo normal, el ambiente se siente impregnado de una urgencia comercial que se respira a cada instante. Sin embargo, cuando creo que la situación no puede ser peor, la realidad me golpea de frente.
Cúmulos de basura se tragan parte de las calles y las aceras, desprendiendo olores rancios que ya forman parte del entorno cotidiano y ponen en riesgo inminente la salud de miles de ciudadanos, comerciantes y visitantes atrapados en esta asfixia sanitaria.
“El síndico de aquí está más ocupado en asuntos de migración que en recoger basura y arreglar las calles de este mercado, que están intransitables”, dijo Juan Antonio Tavares, comprador del mercado.
La calle principal, la Gastón Fernando Deligne, se encuentra en muy mal estado, creando serios problemas por el concurrido tránsito de la zona, principalmente en las vías de entrada y salida al mercado.
Aquí, donde se supone que late el pulmón económico de la provincia y cruzan miles de personas semanalmente, entre comerciantes y compradores habituales, lo que encuentro es el abandono absoluto de las funciones municipales. La dignidad de la frontera parece enterrada bajo toneladas de desperdicios.
Ando por las aceras de la calle Gastón Fernando Deligne que circunda el centro comercial, esquivando charcos de aguas negras y montañas de plásticos acumulados. Los residentes y compradores denuncian indignados que esta situación se ha convertido en una constante destructiva durante los últimos meses.
Observo los rostros de desesperación de las vendedoras debajo de las grandes sombrillas multicolores, quienes dicen de forma resignada que sus ventas no disminuirán porque los clientes habituales ya están acostumbrados a la falta de higiene local.
“El que va a comprar aquí, compra como quiera. Ya que esto está siempre así de sucio”, me dijo una vendedora en una mezcla de español y creole que casi no entendí.
Hice un recorrido minucioso que se extendió durante tres agotadores días junto a un equipo de El Nacional por este recinto binacional. Mi objetivo es documentar el día a día del sistema de recolección de desechos sólidos por parte de la alcaldía en este territorio.




