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Mientras las potencias cambian las reglas, ¿qué está haciendo República Dominicana?
Mientras el mundo discute si estamos ante el nacimiento de un nuevo orden mundial, las grandes potencias ya están actuando como si el cambio fuera una realidad.
La reciente reunión de la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) es otra señal de una transformación que sería un error ignorar. China, Rusia, India, Irán y otros países de Eurasia están profundizando su cooperación económica, energética, comercial y financiera, mientras buscan reducir su dependencia de estructuras dominadas históricamente por Occidente.
¿Significa esto que estamos ante un nuevo orden mundial? Todavía no.
Pero sí estamos ante algo que puede ser incluso más importante: el final de un mundo dominado por un solo centro de poder y el avance hacia un escenario multipolar.
China no pretende simplemente sustituir a Estados Unidos. India no quiere quedar bajo la influencia de Pekín. Rusia busca preservar su poder estratégico y muchos de los países que se acercan a la OCS tampoco quieren romper con Occidente.
Quieren algo mucho más sencillo: tener opciones.
Ese puede ser el concepto que mejor explique la geopolítica del futuro.
Un país podrá comerciar con Estados Unidos, comprar energía a Rusia, importar tecnología de China, atraer inversiones de Europa, negociar con India y recibir capital de los países del Golfo.
El mundo comienza a parecerse menos a un tablero dividido en dos bandos y más a una mesa donde todos negocian con todos.
El verdadero cambio, además, no está solamente en la política. Está en la economía.
El aumento del comercio en monedas nacionales, la creación de mecanismos financieros alternativos y el desarrollo de nuevas rutas de energía y transporte buscan reducir la dependencia de un solo sistema.
Eso no significa que el dólar vaya a desaparecer. Sería una conclusión apresurada.
Pero sí significa que el sistema internacional podría avanzar hacia una mayor diversificación financiera y monetaria.
Y aquí debería comenzar nuestra propia conversación.
¿Qué está haciendo República Dominicana para prepararse?
Nuestro país no debería enfrentar este nuevo escenario preguntándose si debe escoger entre Estados Unidos y China.
La pregunta correcta debería ser:
¿Cómo podemos relacionarnos con todos para defender nuestros intereses nacionales?
Estados Unidos seguirá siendo nuestro principal socio estratégico y comercial. China continuará siendo una potencia económica fundamental. Europa seguirá representando un mercado importante. India está creciendo aceleradamente. Los países del Golfo disponen de enormes recursos de capital y energía.
República Dominicana no tiene que escoger uno.
Tiene que aprender a negociar con todos.
Nuestra posición geográfica es una ventaja extraordinaria. Estamos en el corazón del Caribe, próximos al mercado estadounidense y conectados con América Latina y Europa. Tenemos puertos, turismo, zonas francas y una diáspora que constituye uno de nuestros mayores activos económicos.
Pero una ventaja geográfica no se convierte automáticamente en desarrollo.
Necesitamos electricidad confiable, educación de calidad, seguridad, infraestructura moderna, puertos eficientes, tecnología, seguridad jurídica y, sobre todo, una visión de Estado que vaya más allá de los ciclos electorales.
Y debemos incorporar a la diáspora a esa estrategia.
Las remesas no pueden continuar siendo vistas únicamente como dinero que llega para financiar el consumo de las familias. Debemos crear las condiciones para que una parte cada vez mayor de esos recursos se transforme en inversión, empresas, vivienda, tecnología y producción nacional.
Mientras las grandes potencias están diseñando las reglas del mundo que viene, República Dominicana no puede limitarse a observar.
No sabemos todavía si la OCS se convertirá en un verdadero bloque económico capaz de competir con Occidente. Tampoco sabemos hasta dónde llegará la desdolarización o cómo responderán Estados Unidos y Europa.
Pero sí sabemos algo:
el mundo está cambiando.
Y los países pequeños no necesitan tener el poder de las grandes potencias para beneficiarse de ese cambio. Necesitan visión, estrategia y capacidad de negociación.
El nuevo orden mundial no necesariamente será Oriente contra Occidente.
Será un mundo de múltiples centros de poder, donde los países inteligentes buscarán oportunidades en todos ellos.
La pregunta no es quién ganará esa competencia.
La pregunta es:
¿Qué lugar ocupará República Dominicana cuando las nuevas reglas terminen de escribirse?
Porque el futuro no espera a los países que no se preparan.
República Dominicana no necesita escoger un bando. Necesita escoger su estrategia.




