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Nueva York.— Así transcurrieron este año los ensayos de Table of Silence Project 9/11, un ritual de danza y movimiento que, al cumplirse 25 años de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, adquirió un significado aún más profundo.
La presentación reúne a unos 250 bailarines de distintas culturas, idiomas y procedencias, quienes, a través del movimiento, convierten el escenario en un espacio de memoria, reflexión y esperanza.
Para Carolina Rivera, una de las figuras vinculadas al proyecto, el paso del tiempo no ha cambiado la esencia de esta propuesta artística, sino que la ha hecho más profunda.
“El Table of Silence no cambia, pero profundiza cada año. Como artistas, nosotros tomamos un rol para reflexionar sobre lo que pasa cada año en el mundo. Abrimos un espacio de recuerdo, de conmemoración y un llamado a la paz, y eso no cambia”, afirma Rivera.
Ese llamado a la paz ha acompañado a Rivera durante más de una década, convirtiendo su participación en una misión que trasciende la danza y conecta el arte con la memoria colectiva.
Este año, además, Table of Silence conmemora 25 años de homenaje y movimiento, una trayectoria marcada por la participación de artistas que, generación tras generación, se suman al ritual para expresar, mediante sus cuerpos, un mensaje de unidad y paz.
Rivera destaca el compromiso de quienes participan en la preparación del espectáculo, a pesar del reducido tiempo disponible para los ensayos.
“Los que venimos a entregar lo mejor de nosotros tenemos claro el mensaje que queremos transmitir. Tenemos ensayos rigurosos, que no son muchos; tenemos muy poco tiempo para armarlo. La verdad es que, después de muchos años, tenemos un sistema para lograrlo y, paso a paso, enseñar a los artistas que se unen año tras año”, explica.
Más que una coreografía, Table of Silence Project 9/11 se ha convertido en un acto colectivo de recuerdo. Cada movimiento representa una pausa para mirar hacia el pasado, honrar a quienes perdieron la vida y renovar un mensaje que permanece vigente: la memoria también puede convertirse en un llamado a la paz.
En el 25 aniversario de los atentados, cientos de bailarines vuelven a encontrarse en silencio para hablar a través del movimiento y recordar que, frente a la tragedia, el arte también puede ser una forma de resistencia, unión y esperanza.




