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SANTO DOMINGO.— El presidente de la República, Luis Abinader, se juramentó como nuevo presidente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) con un discurso enfocado en la institucionalidad, la separación de las funciones de gobierno frente a las partidarias y la garantía de un proceso interno transparente y equitativo para las futuras candidaturas presidenciales.
Durante su alocución, el mandatario fue enfático al señalar que su rol en la dirección del partido no será influir en la contienda por su sucesión. “Mi responsabilidad como presidente del PRM no será escoger quién habrá de sucederme en la Presidencia de la República. No llego a la presidencia de este partido para construir una candidatura ni para imponer un heredero o heredera política”, afirmó Abinader, asegurando que todos los aspirantes encontrarán una plataforma imparcial y democrática cuando llegue el momento.
El jefe de Estado subrayó la frontera entre el ejercicio del poder público y la labor proselitista, garantizando que el Estado “pertenece a todos los dominicanos”. Para asegurar el funcionamiento continuo del partido sin desatender sus responsabilidades al frente del Poder Ejecutivo, anunció que el vicepresidente ejecutivo del PRM, Deligne Ascensión, asumirá la conducción operativa cotidiana de la organización
En la nueva estructura directiva también juraron sus cargos Juan Garrigó, como secretario general, y Gloria Reyes, en la secretaría nacional de organización.
El cuadro directivo quedó conformado por dirigentes de trayectoria dentro de la organización oficialista:
- Vicepresidencias: Milagros Ortiz Bosch, Eddy Olivares, Nelson Arroyo y Salvador Ramos.
- Secretaría Nacional Electoral: Luis Delgado.
- Subsecretarías: Kelvin Cruz, Lía Díaz, Jean Luis Rodríguez y Rosa Santos.
Durante el acto, Abinader rindió homenaje a la gestión saliente de José Ignacio Paliza y Carolina Mejía, reconociendo sus ocho años al frente de la presidencia y secretaría general, así como el trabajo de los fundadores Andrés Bautista y Jesús “Chu” Vásquez.
El mandatario trazó como prioridades la formación política, la apertura a jóvenes y mujeres, y la preservación de la unidad interna sin imponer autoritarismo. Advirtió a la militancia que el verdadero adversario no está dentro del partido, sino en los problemas estructurales del país como la pobreza, la desigualdad y la inseguridad.
“Un partido que deja de escuchar comienza a alejarse de la gente. Un partido que deja de renovarse comienza a envejecer. Y un partido que abandona sus principios termina perdiendo su razón de ser”, concluyó.




