Santo Domingo.- La reciente Rendición de Cuentas del presidente Luis Abinader ante la Asamblea Nacional se caracterizó por momentos de notable emotividad y cercanía personal, alejándose en ocasiones del lenguaje estrictamente institucional.
El punto culminante de estas expresiones humanas se alcanzó cuando el mandatario abordó su compromiso inquebrantable contra la corrupción. Con voz entrecortada, ojos cerrados por segundos y las manos alzadas desde el podio, Abinader pronunció una de las frases más personales de su intervención: “Cueste lo que cueste; me cueste lo que me cueste. Ese es mi compromiso incondicional con mi país, con mi padre y con Dios.” Este pasaje fue seguido por un significativo silencio y aplausos, marcando un quiebre emocional en un discurso predominantemente técnico.
La mención a su padre, el histórico dirigente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Rafael Abinader Wasaf, quien aspiró a la Presidencia de la República, no fue incidental. Al evocarlo desde la tribuna presidencial, el presidente conectó su gestión con una trayectoria familiar y política cimentada en el servicio público, la ética y una vocación heredada.
Otro momento de cercanía se produjo al referirse a las obras viales en la zona de la Sierra, específicamente en Sabana Iglesia. Durante la explicación, Abinader rompió el protocolo para dirigirse directamente a su madre, Rosa Sula Corona Caba: “Hoy, la zona de las Sierras, nuestras queridas Sierras… mami, de donde tú eres, mami.” Esta frase espontánea generó sonrisas y aplausos, transformando un informe de infraestructura en un gesto íntimo con la audiencia.
El mandatario también extendió saludos especiales a su madre y a su suegra, doña Margarita, a quien mencionó en tono risueño desde el hemiciclo, humanizando aún más una Rendición de Cuentas tradicionalmente formal.
El discurso recuperó un matiz sensible cuando el presidente abordó el compromiso del Estado con la niñez y la adolescencia. “Si hay un compromiso que define el futuro de una nación, es el que asumimos con nuestra niñez y adolescencia”, afirmó, destacando la labor del Gabinete de Niñez y Adolescencia, presidido honoríficamente por la primera dama Raquel Arbaje. Subrayó que la protección de la infancia trasciende las políticas públicas y se vincula con la dignidad humana.
Un pasaje adicional que diluyó la formalidad fue la referencia a Hensel Aquino García, el estudiante conocido como “Pico de Oro”, cuya intervención en un acto público se viralizó semanas antes. El presidente recordó su promesa de recibirlo en el Palacio Nacional, evocando el valor de la palabra, la educación y las oportunidades.
Abinader también se refirió a “su gente” desde un sentimiento de pertenencia, distanciándose por instantes del lenguaje institucional. Al definir el propósito de su gestión, aseveró: “Un Estado honesto no es una opción. Es una obligación moral.” Añadió que la única garantía de la confianza ciudadana es que los recursos públicos lleguen “a donde deben llegar: a la gente”, en un mensaje directo al ciudadano común.
De este modo, entre remembranzas familiares, convicciones personales, gestos espontáneos y llamados éticos, el presidente concluyó una Rendición de Cuentas marcada no solo por cifras y proyectos, sino por momentos profundamente humanos que revelaron al gobernante más allá de su cargo: el hijo, el creyente y el servidor público que, por instantes, habló desde la emoción.


