Andrés, Boca Chica.- Una densa mancha de algas marinas cubre la costa de Andrés ante la mirada preocupada de los habitantes, el sector turístico, pesquero e industrial de la zona.
Mi llegada al litoral costero de Andrés en Boca Chica me ha dejado perplejo. Lo primero que percibo no es el viento marino sino un paisaje de tono lúgubre. La temporada de sargazo ha comenzado a azotar esta zona con una fuerza descomunal, tiñendo de marrón espeso y opaco unas aguas que solían ser cristalinas.
A mi alrededor, el ambiente es de profunda incertidumbre; las alarmas se han encendido entre los comunitarios, los pescadores y los defensores del medio ambiente, quienes contemplamos con impotencia el devastador impacto ecológico y económico que representa esta invasión de algas.
Camino junto a mi equipo de El Nacional en un recorrido palmo a palmo por la playa de Andrés. Mis propios ojos constatan la magnitud del desastre: una densa y pesada alfombra de sargazo arropa por completo la orilla, sepultando la arena y transformando radicalmente el tradicional paisaje caribeño que tanto nos enorgullece.
Sin embargo, en medio de esta evidente problemática ambiental, me topo con la cotidianidad y la resiliencia de los residentes locales. Al conversar con los pescadores del área, comparto su amarga certeza: saben perfectamente que el sargazo afectará toda la economía de la zona en un inevitable efecto dominó.
Me explican con claridad la cadena de subsistencia: si ellos tienen problemas para salir a pescar, las vendedoras de café y desayuno se quedarán sin clientes, y las cafeterías que venden cervezas también verán desplomarse sus ingresos. Todo está conectado en este ecosistema humano.
El panorama visual que tengo ante mí resulta impactante, casi surrealista. Mientras observo los primeros planos de la costa donde el agua aparece totalmente cubierta por una masa vegetal descompuesta, levanto la mirada hacia el fondo y descubro un drástico contraste entre lo industrial y lo natural.
Allí, las imponentes grúas y las gigantescas embarcaciones del Puerto Multimodal Caucedo operan con fría normalidad en el horizonte. Todo este escenario se recorta bajo un cielo azul intenso y despejado; una calma celestial que contradice de manera flagrante la turbulenta y asfixiante situación que se vive en la superficie marina.
A lo largo de la costa, escucho a los locales y comerciantes expresar su profunda preocupación. Temen, con justa razón, que la acumulación del sargazo se incremente en las próximas semanas, asestando un golpe mortal al turismo local y a las actividades de la pesca artesanal.
Hasta el momento, observo cómo los comunitarios continúan conviviendo con el fenómeno en su día a día, resistiendo a la espera de que las autoridades implementen brigadas de limpieza y barreras de contención que devuelvan el esplendor a esta importante costa dominicana.
“La llegada del sargazo afecta toda la vida y actividad comercial de esta zona”, me dice de forma dramática Juan Rosado Castro, vicepresidente de la Asociación de Pescadores de Boca Chica, mientras abre los brazos en señal de preocupación.
“Si el sargazo cubre toda el agua y los pescadores no pueden salir, los bañistas no vienen, los barcos tienen dificultad para entrar al puerto. Pero cuando empieza a descomponerse, mata todos los peces de abajo, y después viene el mal olor. Todo empeora”, agregó Rosado Castro.




