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TAPACHULA, México. — La caravana Fe y Esperanza, integrada por más de 600 migrantes de Honduras, El Salvador, Guatemala, Ecuador y Haití, reanudó su marcha desde Tapachula, Chiapas, rumbo a la frontera norte de México con Estados Unidos, bajo una intensa lluvia asociada a los efectos de la tormenta Rachel en el Pacífico mexicano.
El grupo, que inicialmente estaba compuesto por unas 300 personas cuando llegó a Tapachula la semana pasada, incorporó a otros migrantes que permanecían varados en la frontera sur mexicana.
Los integrantes de la caravana emprendieron el recorrido desde el parque Bicentenario de Tapachula, protegiendo sus pertenencias con bolsas plásticas para enfrentar las condiciones climáticas.
Buscan una oportunidad
El hondureño José Zelaya, originario de San Pedro Sula, viaja junto a siete familiares y explicó que su objetivo es llegar a Estados Unidos para posteriormente ayudar económicamente a sus familiares que permanecen en Honduras.
Zelaya afirmó que la caravana no tiene líderes formales y que sus integrantes avanzan impulsados por “el hambre y la necesidad”. También señaló que espera continuar el trayecto con el apoyo de ciudadanos mexicanos.
Otros migrantes se han incorporado al grupo después de permanecer durante semanas o meses en Tapachula a la espera de documentos migratorios y oportunidades de empleo.
Trámites demorados
El ecuatoriano Vinicio Obonaga contó que llevaba dos meses en Tapachula esperando respuestas de las autoridades sobre sus trámites ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar) y Migración.
Obonaga viaja con sus tres hijos y pretende llegar a Monterrey, Nuevo León, donde espera regularizar su situación migratoria, establecerse y conseguir empleo. A diferencia de otros integrantes de la caravana, dijo que por ahora no tiene como objetivo cruzar hacia Estados Unidos.
Una madre guatemalteca también se sumó al contingente después de enfrentar dificultades durante su permanencia en México. Según relató, habría sufrido un intento de secuestro, situación que la llevó a considerar la caravana como una alternativa para continuar su viaje.
La movilización ocurre en un contexto de mayores controles migratorios, deportaciones y restricciones en la frontera entre México y Estados Unidos, mientras cientos de personas buscan alternativas para continuar su recorrido hacia el norte.




