Washington, EE.UU.- El Centro Kennedy retiró este viernes el nombre del presidente estadounidense Donald Trump de la fachada de su emblemático edificio en Washington, en cumplimiento de una orden judicial que determinó que la institución no tenía autoridad legal para modificar su denominación oficial.
La decisión se produce después de que un juez federal concluyera el pasado 29 de mayo que la junta directiva del centro, integrada mayoritariamente por personas cercanas a Trump, excedió sus atribuciones al cambiar el nombre de la institución sin la aprobación del Congreso de Estados Unidos.
Según el fallo, la legislación que creó el John F. Kennedy Center for the Performing Arts establece claramente que el complejo cultural debe conservar el nombre del expresidente John F. Kennedy, asesinado en 1963, y que ninguna instancia administrativa puede alterarlo de manera unilateral.
El magistrado otorgó un plazo de dos semanas para eliminar cualquier referencia al nombre de Trump en la fachada del edificio. Aunque la junta directiva presentó un recurso de última hora para intentar frenar la medida, la institución procedió a retirar la identificación presidencial mientras continúa el proceso judicial.
La controversia también incluye la suspensión temporal de un plan para cerrar el centro cultural durante dos años con fines de remodelación a partir del próximo 4 de julio. Esta decisión judicial fue igualmente apelada por la dirección del recinto.
Como paso previo al cumplimiento de la orden, el Centro Kennedy había eliminado días atrás el nombre de Trump de su sitio web oficial.
Trump reaccionó con dureza al fallo judicial, calificándolo de injustificado y acusando a sectores de izquierda de obstaculizar los cambios que, según él, buscan revitalizar la institución cultural más importante de la capital estadounidense.
La disputa se enmarca en una serie de tensiones surgidas desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en 2025. Tras la reestructuración de la dirección del Centro Kennedy y la incorporación de figuras vinculadas al Partido Republicano y al movimiento MAGA («Make America Great Again»), numerosos artistas cancelaron presentaciones programadas en señal de protesta.
El caso ha reabierto el debate sobre la autonomía de las instituciones culturales estadounidenses, los límites de la influencia política en entidades financiadas por el Estado y la preservación del legado histórico asociado al nombre de Kennedy.


