Cinco años después

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Cinco años después de iniciado el caso Medusa, la justicia dominicana se encuentra ante una de las decisiones más delicadas de los últimos años: determinar si el proceso contra el exprocurador Jean Alain Rodríguez debe continuar o si, por el vencimiento de los plazos procesales, corresponde declarar extinguida la acción penal.

Aquí no se trata de defender ni de condenar a Jean Alain Rodríguez. Se trata de algo mucho más importante: defender la credibilidad de la justicia dominicana.

Durante años, el pueblo ha visto cómo los ciudadanos pobres son procesados con rapidez, mientras los grandes casos de corrupción parecen entrar en un laberinto de incidentes, recursos y aplazamientos.

¿Puede una sociedad aceptar que un caso de esta magnitud dure cinco años sin una decisión definitiva?

Si finalmente los tribunales determinan que Jean Alain Rodríguez es inocente después de valorar las pruebas, esa decisión debe ser respetada. Pero si el proceso termina simplemente porque el tiempo se agotó, sin que la justicia haya podido determinar los hechos, entonces estaremos ante un fracaso institucional que tendrá consecuencias mucho más profundas.

Porque una cosa es que un acusado sea declarado inocente porque no existen pruebas suficientes y otra muy diferente es que nunca se llegue a conocer la verdad porque el sistema permitió que el tiempo terminara imponiéndose sobre la justicia.

Esta es una advertencia respetuosa a los jueces: tengan mucho cuidado.

No deben actuar para satisfacer al Ministerio Público ni para complacer a la opinión pública. Tampoco deben dejarse intimidar por el poder económico, político o mediático de nadie.

Deben hacer únicamente lo que manda la Constitución y las leyes.

Pero deben saber también que el pueblo está observando.

El caso Medusa puede convertirse en un precedente peligroso si mañana los acusados de corrupción descubren que no necesitan demostrar su inocencia, sino simplemente esperar a que el tiempo haga el trabajo por ellos.

La justicia no puede ser venganza.

Pero tampoco puede convertirse en refugio de los poderosos.

Si la justicia falla en este caso, no será solamente Jean Alain Rodríguez quien salga beneficiado o perjudicado.

Será la credibilidad de todo el sistema judicial dominicano la que estará en juego.

Y recuperar la confianza de un pueblo que ya está cansado de esperar justicia será mucho más difícil que perderla.

Los jueces tienen hoy una oportunidad histórica: demostrar que en República Dominicana la justicia tiene los mismos ojos para el pobre que para el poderoso.

Luis Castillo
Luis Castillo
Luis Castillo: es consultor comercial con más de 25 años de experiencia en ventas, mercadeo y desarrollo de negocios. Reside en Massachusetts, Estados Unidos, y escribe artículos de opinión sobre economía, políticas públicas, desarrollo, democracia y el papel de la diáspora dominicana. Sus análisis buscan promover el debate informado y aportar propuestas que contribuyan al fortalecimiento institucional y al desarrollo de la República Dominicana.

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