Consejo de Seguridad de la ONU revela profundas divisiones ante escalada entre EE. UU., Israel e Irán

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NACIONES UNIDAS.-

La reunión de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, celebrada este sábado para abordar los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán y la posterior respuesta de ese país, puso de manifiesto profundas divisiones entre las principales potencias mundiales. La sesión se desarrolló en un clima de creciente temor a que la crisis derive en un conflicto regional de mayores proporciones.

El secretario general del organismo, António Guterres, inauguró el encuentro calificando la situación como una «amenaza para la paz» global. Guterres advirtió que la escalada militar, que incluye tanto los ataques iniciales como las represalias, podría desencadenar una crisis de «graves consecuencias» si las hostilidades persisten. Asimismo, instó a «respetar la legalidad internacional» y urgió a reanudar las negociaciones sobre la cuestión nuclear iraní a la mayor brevedad.

Sin embargo, la postura dialogante no fue compartida por Mike Waltz, embajador estadounidense ante la ONU, quien justificó los ataques para asegurar que el régimen iraní «nunca pueda amenazar al mundo con un arma nuclear». Waltz lamentó la «falta de voluntad iraní» para la diplomacia, enfatizando que «la diplomacia no puede tener éxito cuando no hay un socio real para la paz». El embajador argumentó que Irán había «rechazado todas las oportunidades ofrecidas» y responsabilizó a Teherán de «amenazar a aliados regionales» y de «poner en peligro la seguridad del transporte marítimo internacional».

En un desarrollo paralelo a la sesión del Consejo de Seguridad, el presidente estadounidense, Donald Trump, afirmó en redes sociales que el líder supremo iraní, el ayatolá Ali Jameneí, había fallecido en los ataques sobre la república islámica. Trump describió al jefe de estado iraní como «una de las personas más malvadas de la historia» y consideró su supuesta muerte como «la mayor oportunidad para que el pueblo iraní recupere su país».

Por su parte, el embajador de Irán, Amir-Saeid Iravani, reaccionó con firmeza durante el Consejo, calificando los ataques de EE. UU. e Israel como «un crimen de guerra y un crimen contra la humanidad», debido a la muerte de civiles inocentes, incluyendo cientos de niños. Iravani defendió el derecho de su país a la autodefensa «hasta que la agresión termine», subrayando que Irán no atacó la soberanía ni los intereses de países vecinos, como los del Golfo Pérsico, sino bases estadounidenses en represalia.

La posición israelí, representada por su embajador ante la ONU, Danny Danon, sostuvo que la vía diplomática «ya se ha agotado». Danon afirmó que «el pueblo iraní no es nuestro enemigo, la operación es contra el régimen» de los ayatolás, al que tildó de «radical y extremista» por «haber ignorado compromisos internacionales, desarrollado misiles balísticos y apoyado grupos que desestabilizan la región».

Rusia, por su parte, condenó los ataques contra Irán como «infundados y no provocados». Su embajador, Vassily Nebenzia, defendió que Teherán ha manifestado «sistemáticamente» no tener planes de adquirir armas nucleares y estar «cumpliendo sus obligaciones» bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

China también rechazó los ataques de EE. UU. e Israel, calificándolos de «descarados». Pekín, uno de los aliados más importantes de Teherán y su principal socio comercial —aglutinando cerca del 30 % de su comercio exterior total y el 90 % de sus exportaciones de petróleo—, expresó su «gran conmoción» por la ocurrencia de estos ataques en medio de un proceso de negociación diplomática.

Entre los países europeos, Francia y el Reino Unido adoptaron una postura de delicado equilibrio, condenando la escalada de Irán y criticando sus ataques contra países del Golfo Pérsico, pero enfatizando la necesidad de retomar las negociaciones nucleares para encontrar soluciones diplomáticas. Ambos países dejaron claro que no participaron en los ataques.

En esta misma línea, el representante permanente de Bahréin, Jamal Faris Al Rowaiei, calificó de «cobarde» la ofensiva de misiles lanzada por Irán contra instalaciones vitales y zonas residenciales en Bahréin y otros países del Golfo, advirtiendo que constituyen una amenaza «sin precedentes». Al Rowaiei afirmó que su país se reserva «el derecho a actuar» para proteger su territorio y a sus ciudadanos, «en coordinación con sus socios y aliados», ante cualquier agresión futura, y sentenció: «Un ataque a estos Estados es una amenaza para toda la región».

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