REDACCIÓN MEDIOAMBIENTE.- Los espacios interiores, desde una casa a un coche, un colegio o una cárcel, pueden ser más calurosos que los exteriores y sufrir temperaturas extremas que amenacen la salud física y mental de quienes los ocupan. Este martes se celebra el Día Mundial de la Acción contra el Calor, impulsado por la Federación Internacional de Sociedades de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja (IFRC).
En su quinta edición, esta conmemoración pone el foco en los riesgos para la salud a los que se enfrentan las personas en sus hogares, pero también en instalaciones como colegios, lugares de trabajo, hospitales, residencias, prisiones, centros de transporte o vehículos debido a las altas temperaturas.
«El calor en interiores afecta de manera desproporcionada a los adultos mayores, a las personas con problemas de salud preexistentes, a quienes viven en asentamientos informales y a las personas en situación de pobreza energética que no pueden costearse la refrigeración», han destacado los organizadores de la jornada.
Los materiales de construcción, las características del diseño de los edificios y el efecto de isla de calor urbana influyen en la temperatura interior. «Es fundamental que los trabajadores de los sistemas de salud, el personal de emergencias, los responsables políticos, los investigadores especializados en calor y la población en general comprendan los riesgos asociados al calor extremo en interiores y tomen medidas para desarrollar investigaciones, políticas y prácticas destinadas a reducir dichos riesgos», señala la IFRC.
Según un informe al que se remiten los impulsores de este Día, respaldado entre otros organismos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), «las altas temperaturas en el interior afectan a múltiples aspectos de la salud humana, y las pruebas más sólidas se refieren a la salud respiratoria, el control de la diabetes y los síntomas principales de la esquizofrenia y la demencia».
Entre las medidas paliativas al alcance de la población, los expertos apuntan a la pintura de techos con color blanco, el cubrimiento de ventanas durante las horas más calurosas del día, las duchas frías, el uso de ventiladores con nebulizador, vestir con ropa de fibras naturales y dormir con una sábana húmeda.
Hay que «ayudar de forma proactiva a las personas mayores y a quienes padecen enfermedades crónicas durante los periodos de calor extremo, especialmente a aquellas con movilidad reducida que puedan necesitar ayuda para desplazarse a un lugar más fresco», destacan.
Los impulsores de estas medidas lamentan que en muchos edificios no existan normas sobre la temperatura interior, «o bien pasen por alto a las poblaciones vulnerables y las previsiones climáticas».
El Día Mundial de la Acción contra el Calor nació como respuesta a tres principios: las olas de calor son mortales, debido al cambio climático son cada vez más frecuentes, pero hay acciones muy simples (beber agua, descansar a la sombra, evitar la actividad al aire libre en las horas más calurosas) que pueden evitar la tragedia.
En la pasada edición esta jornada se dedicó a cómo reconocer el agotamiento por calor y el golpe de calor. Coincidiendo con este día, el Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (UNEP) ha lanzado la iniciativa 50@50, que reúne a medio centenar de ciudades de todo el mundo para hacer frente a «uno de los riesgos climáticos más mortíferos y de más rápido crecimiento del mundo: el calor extremo».
Las ciudades participantes -la lista se hará pública durante los actos del Día Mundial del Medio Ambiente, el 5 de junio-, compartirán soluciones prácticas y acelerarán las medidas para proteger a las comunidades y reducir las emisiones causadas por el aumento de las temperaturas.
Antalya, Lagos, Melbourne, Mendoza, París o Yangzhou son algunas de las urbes implicadas.


