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Por Luis Castillo
Los gobiernos rara vez comienzan a debilitarse por la fuerza de la oposición. Con frecuencia, el desgaste nace dentro de su propia estructura, cuando el entusiasmo se convierte en silencio, la militancia pierde protagonismo y quienes antes defendían el proyecto político dejan de ocupar el espacio público.
Los acontecimientos recientes en la República Dominicana invitan a esa reflexión. Las protestas por el Código Penal, los cacerolazos, los apagones, el alto costo de la vida y otras demandas sociales han colocado al Gobierno bajo una presión creciente. Sin embargo, tan llamativo como las protestas ha sido el hecho de que el presidente Luis Abinader ha tenido que asumir personalmente la defensa de muchas de las decisiones de su gestión.
Mientras el mandatario responde a las críticas, gran parte del liderazgo político del PRM parece mantener un perfil bajo. No se trata de cuestionar su compromiso, sino de reconocer que la comunicación política también es una forma de gobernar. Cuando los dirigentes callan, otros ocupan ese espacio.
Quienes conocimos al PRM durante la oposición recordamos un partido activo, presente en los medios de comunicación, en las comunidades y también en la diáspora. Como dominicano residente en Massachusetts, fui testigo de ese dinamismo. Hoy esa presencia ya no se percibe con la misma intensidad.
La oposición tampoco atraviesa su mejor momento, pero eso hace aún más evidente que buena parte del desgaste que enfrenta el oficialismo parece provenir de la pérdida de iniciativa de su propia organización y no de la fortaleza de sus adversarios.
El presidente Abinader todavía está a tiempo de corregir esa percepción. Reactivar el partido, integrar a sus dirigentes, fortalecer la comunicación y acercarse nuevamente a las bases puede ser tan importante como cualquier obra o reforma.
Porque la historia política enseña una lección sencilla: cuando un gobierno deja de escuchar, comunicar y movilizar a los suyos, el desgaste comienza desde adentro. Y ese suele ser el más difícil de revertir.




