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Por: Ramiro Francisco
El ciudadano que denuncia, que sale al frente, que toma posiciones ante determinadas acciones oficiales, no deben escasear en sociedades democráticas, donde no se persigue a nadie por practicar sus ideas o denunciar aquello que considera atropello, descuido o corrupción.
Es más, ni aun bajo regímenes dictatoriales. Siempre hay oportunidades de dar a conocer sus opiniones o posturas, con todo y el peligro que tales acciones representan.
“democracia débil”, “incipiente democracia”, “democracia cojeando”. Llámela como usted quiera con razón o sin ella. Democracia al fin.
Con todo, hay voces que se apagan y plumas que de escribir se cansan.
Olvidamos, que los malos políticos y gobernantes perversos, les encantan las sociedades mudas, silenciosas y cobardes.
Consideran algunos que, si no hay críticas o denuncias, todo marcha bien. Y quienes critican y formulan denuncias, son los amargados, los de corazón roto, los simples opositores a todo.
Olvidan, que las denuncias en su mayoría solo buscan el bienestar de la sociedad y que cada funcionario realice su gestión de manera correcta con destreza y honorabilidad.
Si en la ciudad, determinada comunidad o barriada, pasan días sin recibir agua potable, si el tránsito vehicular es un caos, si la ausencia de energía eléctrica tiene los ánimos caldeados, la inseguridad ciudadana, malos servicios en atención médica en hospitales…si esos problemas sociales son verdaderamente reales y alguien formula críticas y denuncias, al tiempo de hacer propuestas o alternativas de solución, ¿Es un mal ciudadano?
La pasividad, indiferencia y dejadez de la población ante situaciones como esas, es imperdonable.
¡Cuánto más, esa indiferencia y mudez, en ex funcionarios, ex legisladores y peor, mucho peor en dirigentes políticos, que en el futuro se presentarán como posibles candidatos!
Siempre habrá peligro en las sociedades mudas.



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