Villa Anacaona, Dajabón, RD.- Después de recorrer una carretera de asfalto y pasar varios controles militares, anduvimos por callejuelas y caminos de tierra que, por tramos, parecían pueblos fantasmas. Luego llegamos, sin dificultad, a Villa Anacaona, la última comunidad dominicana en la zona de Restauración, en la provincia de Dajabón, justo en la frontera con Haití.
Lo primero que divisamos fue una hermosa edificación abandonada, custodiada por un ejército de grandes pinos alrededor de una exuberante vegetación. Era “El Santuario de la Virgen de Fátima” como decía en la tarja de metal pintado de verde que mostraba un degaste progresivo por el paso del tiempo.
Contemplo la hermosa edificación de madera y zinc que muy a pesar de su imponente belleza arquitectónica clerical, está totalmente abandonada. Este templo debería ser un lugar de peregrinación y no un lugar que se cae a pedazos y solo al cristo crucificado en su lateral norte parece importarle.
Fuentes destruidas, maderas sueltas, maleza, puertas abiertas, sin mobiliario y con un altar casi inexistente. “El abandono de esa iglesia es un reflejo de lo olvidado que tienen a esta localidad. Aquí no tenemos una autoridad que piense en la comunidad y que se preocupe por tratar de desarrollar esta zona. Aquí el atraso es negocio”, Gumercindo Tavares, lugareño.
Siento indignación al constatar que, siendo un templo religioso de tanta relevancia, carece de vigilancia. Nadie custodia este altar sagrado, el cual debería estar bien cuidado, limpio y protegido del vandalismo que impera en la frontera.
Aunque el templo original data de 1944, en el 2018 el Ministerio de Defensa y La Dirección General de Desarrollo de la Comunidad (DGDC) entregaron a la comunidad este santuario totalmente listo con todas sus áreas remozadas, lo penoso es que como siempre pasa nunca nadie se preocupa ni se interesa por el cuidado de los monumentos renovados.




