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Durante muchos años la izquierda luchó por causas que cambiaron la vida de millones de personas. Luchó por mejores salarios, por el derecho de los trabajadores a organizarse, por la libertad de expresión, por una mejor distribución de la riqueza y por una sociedad más justa. Gracias a esas luchas, hoy muchos derechos forman parte de nuestra vida cotidiana.
En el siglo XX la batalla era contra gobiernos autoritarios y dictaduras que obligaban a la gente a obedecer por miedo. Si una persona pensaba diferente, podía perder su trabajo, ir a la cárcel o hasta perder la vida. En la República Dominicana vivimos la dictadura de Trujillo, y otros países también sufrieron regímenes similares.
Pero ese mundo cambió.
Hoy el poder ya no actúa solamente por la fuerza. Ahora convence. Persuade. Influye.
Las redes sociales, los teléfonos inteligentes y la inteligencia artificial conocen nuestros gustos, nuestras emociones y hasta nuestras preocupaciones. Los algoritmos deciden qué noticias vemos, qué videos aparecen primero y qué temas ocupan nuestra atención. Poco a poco van moldeando la forma en que pensamos sin que muchas veces nos demos cuenta.
Por eso creo que la izquierda dominicana debe hacerse una pregunta: ¿realmente fracasaron sus ideas o cambió la forma en que la gente recibe la información?
En mi opinión, el problema no son los principios. La mayoría de los dominicanos sigue queriendo un buen empleo, educación de calidad, salud, seguridad y oportunidades para salir adelante. Esas aspiraciones siguen siendo las mismas.
Lo que cambió fue la manera de llegar a la mente y al corazón de la gente.
La política del siglo XXI ya no se gana solamente en las calles, en los sindicatos o en los locales de los partidos. Hoy también se juega en las plataformas digitales.
Y aquí está el gran desafío.
Estamos entrando en una época en la que quienes controlan las grandes plataformas digitales y la inteligencia artificial pueden tener una capacidad enorme para influir en la opinión pública. No porque obliguen a la gente por la fuerza, sino porque tienen los datos, los algoritmos y las herramientas para orientar la información que millones de personas reciben todos los días.
No estoy diciendo que ellos decidan solos el futuro de un país. Lo que digo es que nunca antes unas pocas empresas privadas habían tenido tanta capacidad para influir sobre la manera en que las personas piensan, consumen información y forman sus opiniones.
Antes el poder estaba principalmente en los gobiernos. Hoy también está, cada vez más, en quienes controlan la información y la tecnología.
Por eso la izquierda no debe seguir librando únicamente las batallas del siglo pasado. Debe entender el nuevo escenario. Debe aprender a comunicar en el lenguaje de esta generación, comprender la inteligencia artificial, estudiar los algoritmos y participar en el debate tecnológico.
No se trata de abandonar sus ideales. Se trata de defenderlos utilizando las herramientas del presente.
El siglo XX terminó hace veinticinco años.
La República Dominicana necesita una izquierda, una derecha y un centro político que entiendan que la democracia enfrenta nuevos desafíos. La discusión ya no es solamente sobre impuestos, salarios o carreteras. También es sobre quién controla los datos, quién controla los algoritmos y quién tiene la capacidad de influir en la opinión de millones de ciudadanos.
La democracia no puede quedarse atrás mientras la tecnología avanza a toda velocidad.
Todavía estamos a tiempo de entender este cambio. Quien siga haciendo política como si viviéramos en el siglo XX llegará cada vez a menos personas. Quien comprenda cómo funciona el siglo XXI tendrá mayores posibilidades de convencer, construir y transformar la sociedad.
Ese es, a mi juicio, el gran reto de nuestro tiempo.




