Santo Domingo.- Un año después del colapso del techo de la discoteca Jet Set Club, que cobró la vida de 236 personas y dejó más de 180 heridos, la exigencia de justicia permanece inalterable en la República Dominicana. La tragedia, ocurrida la madrugada del 8 de abril de 2025, mientras el merenguero Rubby Pérez se presentaba, ha marcado profundamente a la nación.
Durante una misa en memoria de las víctimas, el ministro de Obras Públicas, Eduardo Estrella, visiblemente conmovido por la pérdida de su hijo Guarionex Estrella y su nuera Alexandra Grullón, reiteró su firme demanda: “Nosotros esperamos que la justicia dominicana actúe como debe de actuar… Porque si esa justicia no actúa, va a actuar la justicia divina… porque todo en la vida se paga aquí o por la otra vía”.
En su intervención, Estrella también lanzó una advertencia clara contra posibles interferencias o privilegios en el proceso judicial, afirmando que “ahí no valen medios de comunicación, ahí no valen componendas, ahí no vale tráfico de influencias”.
El funcionario reflejó la profunda dimensión emocional del duelo que atraviesa su familia: “Si no fuéramos familia de fe, tal vez actuáramos de otra manera… hay que estar en el alma, en el corazón y en el interior de cada uno de nosotros para que sepan lo indignado que nos sentimos”.
Las declaraciones de Eduardo Estrella resonaron a nivel nacional, generando múltiples reacciones. Entre ellas, la de la primera dama, Raquel Arbaje, quien le expresó públicamente su apoyo a través de la red social X: “Mi estimado @EduardoEstrella recibe mi cariño y abrazo solidario junto a Arelis.”
Las investigaciones sobre el colapso han revelado una cadena de fallas estructurales y negligencias. Se determinó que el techo presentaba un deterioro progresivo, con grietas, filtraciones y signos visibles de debilitamiento, a lo que se sumaron sobrecargas y modificaciones realizadas sin los controles de seguridad adecuados.
Uno de los testimonios clave es el del empleado Gregory Adames, quien aseguró haber advertido sobre el riesgo inminente. Su relato, incluido en la investigación, es contundente: “Eso puede matar a una gente”.
Adames también describió el momento previo a la tragedia, destacando la rapidez del suceso: “Ellos estaban esperando la cuenta para irse… en cuestión de segundos todo se vino abajo”. Según su versión, la familia Grullón, incluida Alexandra, estaba a punto de abandonar el lugar cuando el desplome ocurrió, dejándolos atrapados.
El Ministerio Público acusa a los propietarios del establecimiento, Antonio y Maribel Espaillat, de homicidio involuntario. La fiscalía señala negligencia en el mantenimiento y en la gestión de los riesgos estructurales del local como causas principales.
A pesar de la magnitud del caso, el proceso judicial ha avanzado con lentitud. Los imputados enfrentan el proceso en libertad, y el juicio ha sido aplazado en varias ocasiones, generando indignación entre los familiares de las víctimas y en la sociedad dominicana en general.
A un año del desastre, la tragedia del Jet Set Club sigue siendo una herida abierta. La magnitud de las pérdidas se une a la dolorosa sensación de que el suceso pudo haberse evitado. Las palabras de Eduardo Estrella encapsulan el sentir colectivo: un dolor profundo, una indignación contenida y una fe que busca sostener lo que la justicia aún no ha resuelto.


