|
Getting your Trinity Audio player ready...
|
Las protestas reflejan el malestar por la crisis educativa, la pérdida del poder adquisitivo y la desigualdad. Analistas advierten que la extrema derecha podría capitalizar la tensión social.

PARÍS, FRANCIA.— Las protestas estudiantiles en Francia han ampliado su alcance con la incorporación de organizaciones sindicales, universitarios y miembros del movimiento de los chalecos amarillos, en una nueva expresión del descontento social por los recortes en educación, la precariedad económica y las dificultades para llegar a fin de mes.
Las movilizaciones comenzaron en septiembre en institutos de barrios populares, donde los estudiantes denunciaron la falta de profesores y el deterioro de las condiciones de enseñanza. Posteriormente, se sumaron universidades públicas y organizaciones como la Unión Sindical de Estudiantes de Secundaria (USL) y la Unión Estudiantil.
Los jóvenes temen que un eventual triunfo de la derecha o la extrema derecha se traduzca en nuevos recortes presupuestarios y un mayor deterioro de la educación pública.
La desigualdad golpea a los jóvenes
El descontento también está relacionado con la percepción de que las oportunidades no son iguales para todos los ciudadanos, especialmente para quienes viven en las zonas más empobrecidas de Francia.
Elia, una joven de 16 años residente en Seine-Saint-Denis, explicó que tuvo que abandonar sus estudios a los 15 años debido a dificultades de aprendizaje y problemas psicológicos, sin recibir el apoyo escolar necesario ni contar con recursos económicos para buscar ayuda privada.
“Estamos desescolarizados porque el sistema francés nos ha abandonado, sobre todo la educación nacional”, afirmó la joven, quien acudió a respaldar las movilizaciones junto a dos amigos.
Su testimonio refleja las dificultades que enfrentan algunos adolescentes de los barrios periféricos para permanecer en el sistema educativo y acceder a oportunidades de desarrollo.
Regresan los “chalecos amarillos”
A las manifestaciones también se incorporaron los chalecos amarillos, el movimiento que sacudió Francia en 2018 con protestas contra el aumento de los combustibles y el costo de la vida.
Ocho años después, sus reivindicaciones vuelven a coincidir con el malestar de sectores afectados por la pérdida del poder adquisitivo, la precariedad laboral y las dificultades económicas.
La dimensión del problema quedó reflejada en los datos del Instituto Nacional de Estadística y Estudios Económicos (INSEE), según los cuales el 15,4 % de la población de la Francia metropolitana vivía por debajo del umbral de pobreza en 2024, el porcentaje más elevado desde 1996.
Las protestas de 2018 estuvieron acompañadas de episodios de violencia y enfrentamientos con la Policía, una situación que vuelve a generar preocupación ante la posibilidad de que las actuales movilizaciones deriven en nuevos disturbios.
Diferencian las protestas de los actos violentos
Sin embargo, analistas advierten que no se debe confundir a los estudiantes que reclaman mejores condiciones educativas con quienes participan en saqueos y otros actos violentos.
Según los datos citados en el debate público, cerca del 90 % de los detenidos son mayores de edad, principalmente hombres de entre 18 y 30 años.
Esta distinción busca evitar que las reivindicaciones educativas y sociales de los jóvenes queden reducidas a los incidentes registrados durante las protestas.
Por su parte, Laurent Sorel, teniente de alcalde de París y miembro de L’Après, considera que la tensión es consecuencia de años de desatención a las demandas ciudadanas.
A su juicio, el aumento de la precariedad y la presión policial han contribuido a acumular un malestar social que finalmente se manifiesta en las calles.
Sorel también rechaza que la izquierda sea responsable de promover la violencia y sostiene que las movilizaciones reúnen a personas con diferentes posiciones políticas.
La extrema derecha busca capitalizar la crisis
El clima de tensión representa, además, una oportunidad política para la extrema derecha francesa, según el análisis de Mayol, quien advierte que el partido Agrupación Nacional (RN) puede aprovechar el temor provocado por las imágenes de disturbios para fortalecer su respaldo electoral.
La crisis pone de manifiesto la convergencia de varios problemas: las deficiencias educativas, la desigualdad territorial, el deterioro del poder adquisitivo y la desconfianza hacia las instituciones.
En ese contexto, la violencia de algunos participantes no debe confundirse con el conjunto de los manifestantes. Las movilizaciones responden a demandas diversas que reflejan el creciente malestar de distintos sectores de la sociedad francesa.




