Santo Domingo.- Haití se dispone a recibir hoy una nueva Fuerza de Supresión de Pandillas, un contingente multinacional que sucede a la misión liderada por Kenia. Este despliegue se produce en medio de una renovada escalada de violencia, tras una masacre perpetrada por el grupo armado ‘Gran Grif‘ en la localidad de Jean Denis, en el departamento de Artibonite, al norte de Puerto Príncipe.
La iniciativa, un esfuerzo multinacional respaldado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), emana de una resolución aprobada en septiembre del año pasado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Dicha resolución autorizó la creación de esta nueva fuerza internacional para reemplazar la misión multinacional de apoyo a la seguridad previamente encabezada por Kenia.
Los objetivos de esta fuerza son claros: restablecer la autoridad del Estado haitiano, disminuir el control territorial de las pandillas, asegurar infraestructuras críticas y respaldar el proceso de retorno a un gobierno democráticamente elegido.
Diversos países han comprometido personal para la Fuerza de Supresión de Pandillas, incluyendo a Guatemala, Jamaica, Bahamas, Belice, Bangladés y Sri Lanka. Por su parte, Estados Unidos contribuirá con el financiamiento de la operación.
El ataque del pasado domingo resultó en el incendio de unas cincuenta casas y el desplazamiento de más de 6,000 personas, según informó el lunes Antonal Mortimé, director de la ONG ‘Collectif Défenseurs Plus’, durante una intervención en Radio Television Caraibes (RTVC).
El asalto de ‘Gran Grif‘ se produjo entre las tres y las cuatro de la madrugada del domingo. El grupo armado bloqueó las principales vías de acceso, impidiendo la rápida reacción de la Policía.
Se anticipa que esta misión contará con un aumento significativo de personal, quintuplicando el número de militares comprometidos hasta alcanzar un estimado de 5,500 efectivos. El embajador de Estados Unidos, Mike Waltz, ha descrito este despliegue como un «mandato reforzado» para enfrentar a las pandillas.
Solo en Puerto Príncipe, la capital, al menos 26 pandillas se disputan el control territorial. Millones de haitianos han sido desplazados de sus hogares, y muchos han perdido la vida a causa del recrudecimiento de la violencia en el país.
Con una población de aproximadamente 11 millones de personas, Haití ha enfrentado históricamente la violencia de pandillas. No obstante, la crisis se agravó drásticamente en 2021 con el asesinato del entonces presidente Jovenel Moïse, perpetrado por un grupo de más de dos docenas de mercenarios que irrumpieron en su residencia y le dispararon en doce ocasiones.
Actualmente, Haití atraviesa una de las peores crisis de su historia reciente, caracterizada por el control territorial de poderosas pandillas que han suplantado la autoridad estatal en vastas áreas del país.
La fragilidad institucional y la escasez de recursos de la Policía Nacional han propiciado que estos grupos armados operen con impunidad, imponiendo su dominio a través de la violencia extrema.
El Gobierno dominicano ha expresado en múltiples ocasiones su preocupación por la gravedad de la crisis haitiana, especialmente desde el magnicidio del presidente Jovenel Moïse en 2021.
Desde entonces, el presidente Luis Abinader ha instado en diversos foros internacionales a la comunidad global a adoptar un papel más proactivo para abordar la crisis de seguridad en Haití.
El 7 de octubre de 2022, con el país asolado por la violencia, una economía en declive, una crisis de combustible y la pandemia de COVID-19, el entonces primer ministro de Haití, Ariel Henry, formalizó una solicitud de asistencia militar internacional.
Cuando la fuerza inicialmente liderada por Kenia finalmente llegó en 2024, después de considerables retrasos atribuidos a la escasez de equipamiento, el desafío que enfrentaban era monumental.
En ese momento, las pandillas ejercían un control férreo sobre Puerto Príncipe, millones de personas vivían aterrorizadas por la violencia y más de medio millón de residentes habían abandonado sus hogares, según declaraciones del entonces primer ministro interino de Haití, Garry Conille, a medios internacionales.
A pesar de la presencia de la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad, los ataques de las pandillas persistieron. Durante los primeros cinco meses de 2024, se registraron 2,680 muertes y más de 300 secuestros con fines de rescate, de acuerdo con Volker Turk, jefe de Derechos Humanos de la ONU.
Además, las pandillas continuaron perpetrando abusos sexuales contra niños y reclutándolos, lo que elevó la cifra de desplazados internos a casi 1.3 millones de personas, un incremento del 24% respecto al semestre anterior.
Expertos en seguridad han señalado que la misión internacional anterior «nunca tuvo una oportunidad», pues las severas deficiencias en personal, financiación y equipo limitaron drásticamente su capacidad de lograr sus objetivos.


