La Vejez en Riesgo: La Violencia que el Mundo Calla

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Por Araceli Aguilar Salgado

“El respeto a los derechos humanos no admite edad.”  Eleanor Roosevelt

La violencia contra las personas mayores es una herida abierta que nuestras sociedades prefieren ocultar. No se trata de un problema marginal ni de una cuestión privada: es una crisis ética global que revela la fragilidad de nuestra solidaridad intergeneracional.

Cada 15 de junio, el mundo recuerda el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez. Sin embargo, más allá de los discursos oficiales, millones de adultos mayores siguen siendo víctimas de abusos físicos, psicológicos, financieros y sociales. El silencio que rodea esta problemática es tan grave como la violencia misma: invisibiliza el sufrimiento y perpetúa la impunidad.

Los datos son alarmantes: uno de cada seis adultos mayores ha sufrido algún tipo de abuso, y en instituciones de cuidado más de la mitad del personal reconoce haber ejercido maltrato. Estas cifras deberían escandalizar a cualquier sociedad que se precie de respetar los derechos humanos. Pero la indiferencia persiste, alimentada por la discriminación por edad y por sistemas de salud y asistencia social debilitados.

La violencia contra los mayores no ocurre en el vacío. Se nutre de prejuicios, de la obsesión por la juventud y la productividad, y de políticas públicas que relegan la vejez a un segundo plano. El resultado es devastador: depresión, pérdida de autonomía, institucionalización forzada e incluso muerte prematura.

El impacto trasciende lo individual. Las familias cargan con el peso emocional y financiero, mientras los Estados enfrentan sistemas de salud y asistencia social cada vez más presionados. El maltrato hacia los adultos mayores, por tanto, no es un asunto privado: es una amenaza para la cohesión social y la sostenibilidad de los sistemas de bienestar.

La comunidad internacional ha comenzado a reaccionar. La ONU y la OMS han instado a los Estados a tipificar el maltrato como delito y a fortalecer los mecanismos de prevención. El Plan de Envejecimiento y Salud 2016 propone un enfoque integral que combina cuidados de calidad, capacitación y entornos seguros. Pero estas iniciativas solo tendrán impacto si los gobiernos las asumen como prioridad y si las sociedades rompen el silencio que perpetúa la impunidad.

La forma en que tratamos a nuestros mayores define el tipo de humanidad que queremos construir. No podemos permitir que la última etapa de la vida se viva en silencio y dolor. Urge un compromiso global que coloque a la vejez en el centro de las agendas de derechos humanos, reconociendo que proteger a los mayores es proteger la memoria, la experiencia y la dignidad de nuestras comunidades.

“La justicia social comienza en el respeto a quienes nos precedieron.”  Paulo Freire

Araceli Aguilar Salgado Periodista, Abogada, Ingeniera, Escritora, Analista y comentarista mexicana Chilpancingo de los Bravo, Estado de Guerrero E-mail: periodistaaaguilar@gmail.com

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