Washington.- La ley de vivienda aprobada por el Congreso de Estados Unidos entró en vigor este sábado sin la firma del presidente Donald Trump, quien decidió no promulgarla como medida de presión para exigir la aprobación de su proyecto de reforma electoral conocido como «Save America Act».
El mandatario anunció su decisión a través de su red social Truth Social, donde afirmó que no firmaría la legislación en protesta porque el Senado no ha logrado avanzar con la iniciativa electoral que considera prioritaria para su agenda política. No obstante, la Constitución de Estados Unidos establece que, si el presidente no firma ni veta un proyecto de ley dentro de los diez días establecidos —sin contar los domingos—, la legislación entra en vigor automáticamente, como ocurrió en este caso.
El pasado 24 de junio, Trump suspendió la ceremonia prevista para promulgar la ley de vivienda pocas horas antes de su realización. El mandatario condicionó su firma a que el Congreso aprobara la «Save America Act», una propuesta que endurece los requisitos para el registro y la participación en las elecciones federales.
Sin embargo, líderes republicanos del Senado le han reiterado que actualmente no cuentan con los votos suficientes para sacar adelante esa reforma. La nueva ley de vivienda es considerada la reforma más relevante en este ámbito en más de 30 años. Su objetivo es aumentar la oferta habitacional, agilizar la construcción de nuevas viviendas y reducir obstáculos regulatorios que dificultan el desarrollo del sector.
La iniciativa recibió un amplio respaldo bipartidista, convirtiéndose en uno de los acuerdos legislativos más significativos alcanzados entre demócratas y republicanos durante los últimos años. Aunque la ley ya es oficialmente vigente, la decisión de Trump de no firmarla evidencia las tensiones políticas en Washington y su estrategia de utilizar medidas de alto impacto para presionar al Congreso en favor de su agenda electoral.
Analistas consideran que este episodio refleja las dificultades del presidente para lograr consenso en torno a la reforma del sistema electoral, pese al respaldo que mantiene entre sectores del Partido Republicano.




