Nueva York.- La columnista María Marín ha identificado una recurrente expresión entre mujeres que, tras vivir decepciones amorosas, manifiestan un agotamiento hacia lo que describen como ‘juegos’ en las relaciones. Comentarios como «estoy cansada de jugar jueguitos», «no creo en hacerme la difícil para conquistar a alguien» o «no voy a pretender ser lo que no soy» son frecuentes.
Marín comprende el anhelo de establecer relaciones sin la necesidad de estas dinámicas; sin embargo, sostiene que la psicología del amor intrínsecamente conlleva la participación en muchos de ellos. La autora enfatiza que no promueve tácticas manipuladoras, sino que advierte que la negativa a participar puede, paradójicamente, jugar en contra de los propios intereses.
Uno de estos fenómenos se denomina «La Ausencia«, que consiste en la habilidad de retirarse o tomar distancia en el momento oportuno para generar un efecto deseado. Este principio, según Marín, no se limita a las relaciones sentimentales, extendiéndose también a los ámbitos profesional, comercial y artístico.
Para ilustrar este concepto, Marín remite al caso de la cantante Adele, quien decidió alejarse de los escenarios y la exposición pública durante varios años en la cúspide de su carrera. Su retiro no solo evitó que fuera olvidada, sino que logró que su público la añorara aún más. Al regresar con nueva música, el impacto fue contundente y su valor artístico se multiplicó. La artista comprendió un principio fundamental: la disponibilidad constante puede mermar el atractivo, mientras que una ausencia estratégica en el momento preciso puede incrementar la irresistibilidad. Este fenómeno, afirma Marín, se refleja idénticamente en el amor.
La columnista refuerza su argumento citando una máxima: «La ausencia disminuye las pequeñas pasiones y aumenta las grandes, lo mismo que el viento apaga las velas y aviva las llamas.»
En las etapas iniciales de una relación, el compartir tiempo de manera frecuente es natural. No obstante, una vez que el vínculo se consolida, Marín considera esencial hallar un equilibrio entre la presencia y la capacidad de ausentarse. Advierte que una presencia constante, al punto de ser inseparables, puede llevar a la costumbre y, consecuentemente, a la disminución de la emoción por el encuentro.
La experta concluye que una presencia dosificada puede no solo aumentar el valor percibido de una persona, sino también brindar la satisfacción de escuchar expresiones de anhelo y aprecio como «te extraño», «me haces falta» y «qué felicidad verte».
Para obtener más información y contenido de María Marín, los lectores pueden visitar su sitio web www.mariamarin.com y sus plataformas en redes sociales como Facebook, X (anteriormente Twitter), Instagram, TikTok y YouTube.






