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Por: Juan José Morrobel Sandoval
Cada 19 de agosto, al celebrarse el Día Mundial de la Fotografía, no solo recordamos el invento del daguerrotipo que transformó la historia, sino también rendimos tributo a quienes, con su cámara en mano, dedicaron su vida a inmortalizar momentos que hoy forman parte de nuestra memoria colectiva.
Los fotógrafos han sido testigos privilegiados de la vida social, cultural y deportiva de nuestros pueblos. Gracias a ellos conocemos rostros, paisajes y escenas que, de otro modo, se hubieran perdido en el tiempo. Su labor ha sido silenciosa, pero trascendental: cada disparo de su lente encierra una historia, un sentimiento y un legado.
En mi caminar por esta profesión tuve el honor de coincidir con hombres y mujeres que hicieron del arte fotográfico una vocación de servicio. Recuerdo con respeto y gratitud a Don Ted Jiménez, Don Arturo Reyes, Agustín Rivera y a mi compadre Víctor José Ulloa, colegas y amigos entrañables que hoy descansan en paz. Su obra y entrega siguen vivas en cada imagen que dejaron como testimonio de su paso por la tierra.
Este memorial también es un reconocimiento a todos los que continúan ejerciendo con pasión y sacrificio. Ellos, al igual que quienes nos precedieron, llevan sobre sus hombros la responsabilidad de capturar no solo imágenes, sino la esencia misma de nuestra historia.
Hoy, al mirar atrás, me siento profundamente agradecido de haber sido parte de una generación de fotógrafos que, desde Puerto Plata, contribuyó a fortalecer la identidad cultural y a preservar la memoria de nuestra gente.
Que este Día Mundial de la Fotografía sea, entonces, una ocasión para honrar a los que partieron, reconocer a los que permanecen activos y valorar el poder del lente como guardián de lo efímero y lo eterno.





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