New York.-
En el manejo de enfermedades renales, como la formación de cálculos (nefrolitiasis), la orientación de un dietista especializado es fundamental, superando la efectividad de la búsqueda de consejos en redes sociales o la investigación autodidacta. Este profesional se encarga de evaluar exhaustivamente al paciente, identificando factores de riesgo nutricional a través de un análisis detallado de la ingesta dietética.
Posteriormente, el especialista formula recomendaciones terapéuticas personalizadas basadas en dichos riesgos. Un estudio de Clinical Nutrition Research, publicado por la Biblioteca Nacional de Medicina de los EE.UU., subraya la importancia crítica de la valoración dietética tanto para el tratamiento como para la prevención eficaz de la recurrencia de cálculos renales.
La investigación destaca que el dietista debe evaluar meticulosamente la ingesta de calcio, oxalatos, sodio y proteínas (tanto de origen animal como vegetal), así como el consumo de suplementos dietéticos y líquidos. Estos elementos pueden influir significativamente en la formación o inhibición de los cálculos. Se enfatiza la cuantificación precisa de la ingesta de líquidos como un pilar en la planificación de la dieta terapéutica.
Para obtener un panorama realista de la situación del paciente, los especialistas emplean diversos métodos de evaluación dietética. Esta información debe ser contrastada con un análisis de orina, siendo esta combinación el método más efectivo para identificar las causas subyacentes de los cálculos renales y diseñar estrategias de prevención.
El estudio sugiere que la evaluación más apropiada para pacientes con cálculos es un registro alimentario minucioso, llevado a cabo durante una recolección de orina de 24 horas y en los uno o dos días previos. Este registro debe ser analizado en detalle para evaluar el consumo de proteínas, sodio, potasio, calcio, fósforo, magnesio, ácido úrico, oxalato y líquidos.
Un ejemplo que ilustra la necesidad de personalización en la dieta fue publicado en BMJ Journals, donde una paciente desarrolló una dieta alta en oxalatos al seguir una tendencia popular para la salud digestiva, creyendo que era un enfoque saludable.
La paciente inició un régimen para aliviar intolerancias alimentarias y el síndrome de intestino irritable (SII), que promovía la eliminación de ciertos grupos de alimentos y un consumo masivo de verduras, frutos secos y semillas. Como consecuencia, su ingesta diaria de oxalato se multiplicó aproximadamente por cinco veces lo habitual. La investigación detalla que llegó a consumir cerca de 150 g de almendras al día y seis cucharadas de semillas de chía, lo que le causó un daño renal significativo.
Expertos advierten sobre el riesgo de oxalosis. Aunque los alimentos ricos en oxalatos son nutritivos, su consumo excesivo puede ser perjudicial. Revisiones clínicas han identificado asociaciones entre casos de daño renal y la ingesta excesiva de espinacas, coles, almendras, remolachas y chocolate.
En el caso mencionado, la paciente logró una recuperación parcial gracias a la restricción drástica de oxalato, un aumento considerable en la hidratación oral y el uso de acetato de calcio para fijar el oxalato intestinal. Este suceso refuerza el principio de la nutrición científica: el equilibrio es la clave, y lo que es beneficioso para una persona puede ser riesgoso para otra sin la guía profesional adecuada.


